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Zaragoza

TRIBUNALES

Piden 110.000 euros a un guía de rafting por la muerte de una joven en Murillo

Los padres de la víctima, que quedó atrapada en un sifón tras volcar su barca, acusan al monitor de una falta de imprudencia.

La fotografía recoge el momento en el que se rescataba el cuerpo de la fallecida, el 9 de agosto de 2009.
Piden 110.000 euros a un guía de rafting por la muerte de una joven en Murillo
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Habían venido desde Madrid para practicar rafting en Murillo de Gállego. Eran tres parejas: tres hermanos (dos mujeres y un varón) y sus respectivas parejas. Como tanto otros aficionados a los deportes de aventura, decidieron contratar los servicios de un guía para hacer el descenso. Sin embargo, una roca se cruzó en su camino e hizo volcar su barca. Tras el susto, todo el grupo consiguió emerger del agua y alcanzar la orilla. Todos menos una de las chicas: Alicia Gallego Bouzas, de 22 años. Su cuerpo quedó atrapado en un sifón bajo una gran roca y no fue recuperado por los buzos hasta el día siguiente.

El accidente se produjo el 8 de agosto de 2009 y de su investigación se hizo cargo el Juzgado de Instrucción número 1 de Ejea de los Caballeros. La familia de la fallecida decidió personarse en la causa para exigir que se depurasen las posibles responsabilidades penales. Y tras diez meses de instrucción, el único imputado es el guía que acompañaba al grupo aquella fatídica mañana. El joven, Manuel C. V., se sentará el próximo 15 de junio en el banquillo acusado de una falta de imprudencia. El abogado de la familia, Javier Osés, solo pide una multa de dos meses. Sin embargo, en el caso de ser condenado, en concepto de responsabilidad civil podría tener que hacer frente a una indemnización de 110.000 euros. La empresa para la que trabajaba, Murillo Rafting, tendría que responder también de forma subsidiaria.

La Guardia Civil interrogó a las personas que acompañaban a la víctima en la lancha, interesándose sobre todo por las medidas de seguridad. Los jóvenes explicaron a los agentes que llevaban puesto un traje de neopreno, el chaleco salvavidas y el casco. Les contaron también que, antes de empezar el descenso, el monitor les informó de lo que tenían que hacer si caían al agua o sufrían algún percance durante la travesía. Y en una zona de aguas tranquilas y poco profundas, antes de llegar al tramo del río donde se produjo el accidente, también hicieron un simulacro.

Tras el hundimiento de la barca, sus ocupantes fueron arrastrados unos 60 metros, hasta una zona donde la corriente pierde fuerza. Lo primero que hicieron al salir a la superficie fue contarse unos a otros, para cerciorarse de que no faltaba nadie. Sin embargo, al percatarse de la desaparición de Alicia, informaron rápidamente al monitor. Este, ayudado por otros guías que se encontraban en la zona, se puso enseguida a buscar a la chica. Sin embargo, sus esfuerzos fueron infructuosos.

El juez instructor decidió en su día imputar al monitor como presunto autor de una falta de imprudencia, y no por un delito. La acusación entiende que el especialista no contaba con la titulación necesaria para este tipo de actividades. Y lo hace porque se pidió a la Federación Española de Piragüismo que informara sobre la formación del imputado, y esta dijo que tenía el titulo de iniciador en piragüismo. Existe otro título para aguas bravas, pero según este organismo el joven no lo poseía.

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