Despliega el menú
Zaragoza
Suscríbete

CURIOSIDADES

Los malos pelos de la provocación

.

Townsend, con su mirada mesiánica, en una de sus actuaciones en el paseo de la Independencia.
Los malos pelos de la provocación
ESTHER CASAS

El inventario de extraños personajes y raras avis del entorno zaragozano cuenta desde hace cosa de un mes con un nuevo especimen. Se trata de Jonathan Townsend, un provocador músico callejero de mirada visionaria e imposible melena. Townsend se ha recorrido media Europa arrancando aplausos y alguna que otra moneda a los viandantes, gracias a un saxofón y a unos balanceos propios del 'Smooth Criminal' de Michael Jackson. Este espectáculo, que viene representando desde hace más de veinte años, le ha deparado alguna que otra alegría pero, también, según cuenta, más de una detención e, incluso, un par de costillas rotas.

Si por algo se distingue Towsend, nacido en Sudáfrica aunque con nacionalidad belga, es por ser un provocador. Aunque apenas balbucea unas pocas palabras de español, las pancartas que acompañan sus actuaciones son un brindis a la bravuconería. "Si mi música no te gusta, vomita aquí" o "No me des nada, por favor, y si te molesto tocando coge monedas del estuche del saxo" puede leerse en los carteles a sus pies. Pies que, por cierto, son una de las máximas atracciones de la chavalería que se arremolina para verlo porque Towsend va de un lado a otro desafiando al vértigo y la gravedad. Todo, por obra y gracia de unas gomas elásticas fijadas en sus talones y una alfombrita mágica sobre la que se coloca.

"Zaragoza me parece una ciudad amable y no he tenido grandes problemas para ofrecer mi espectáculo", cuenta el belga, al tiempo que admite que alguna vez la Policía le dio un toque de atención porque los amplificadores estaban demasiado altos y algún vecino se había quejado. Una balsa de aceite comparado con alguna que otra incidencia vivida en su periplo viajero. En Málaga, por ejemplo, fue detenido por actuar sin licencia, pasó la noche en los calabozos y se le confiscó el material. "Me quedé sin el saxofón ni el acompañamiento electrónico y no tuve opción de ganarme la vida", se queja, diciendo que "esas no son formas de aspirar a la capitalidad europea de la cultura". De Huesca tampoco guarda mejor recuerdo porque, según su relato, la policía también le pidió los papeles y lo llevó a comisaría. Aunque, eso sí, "en la plaza, mientras me metían al coche, todo el público me apoyaba y gritaba que me dejaran en paz". Towsend tiene mujer y dos hijos que viven en Bélgica. De todas estas andanzas, dice, solo les informa una vez se han solucionado. Los telefonea, les manda correos electrónicos pero, también, los echa en falta. Con esta vida bohemia, todo el día de aquí para allá entre 'show' y 'show', hay ocasiones en las que no tarda en verlos, aunque también pueden pasar meses y meses sin recalar en casa.

Así, su segundo hogar es la furgoneta en la que viaja, en la que devora kilómetros y kilómetros de las carreteras europeas (ha actuado en Portugal, Francia, Alemania?) y en la que también pasa las noches. Noches solitarias, pensando nuevos números o, sobre todo, teniendo pesadillas con la que es una de sus obsesiones: Silvio Berlusconi. Sus últimas visitas a Italia se cuentan por persecuciones, porrazos y escasa o nula fortuna artística. "Es un país que adoro y al que me encanta volver, pero Berlusconi es un mafioso y no permite que nadie se ría de él", dice sin despeinarse. Y continúa con 'duras acusaciones': "Como ahora su popularidad está cayendo, estoy convencido de que dará un golpe de Estado". Ahí es nada. Esta malsana fijación se debe a que "los 'carabinieri' me han golpeado a menudo por parodiar a 'Il Cavaliere', que se cree muy gracioso y no consiente que se haga humor sobre él".

La broma que hizo que las autoridades italianas le quitaran los papeles y lo echaran del país consistía en invitar a los presentes a echar sus monedas en un bote a beneficio del primer ministro italiano. El caso es que la hucha en cuestión carecía de fondo y "simbolizaba el agujero negro en el que se pierden todas las inversiones de futuro de Italia".

Etiquetas