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Juzgado por abusar sexualmente de una de sus hijas durante toda su adolescencia

El fiscal pide 11 años de cárcel para el acusado, que amenazó a la menor con "destrozar" la familia si decía algo. La chica y sus hermanas también sufrieron abusos por parte del abuelo

El acusado, cuando se disponía a entrar ayer en la sala de vistas de la Audiencia de Zaragoza.
Juzgado por abusar sexualmente de una de sus hijas durante toda su adolescencia
OLIVER DUCH

ZARAGOZA. La terapia psicológica a la que se sometieron tres hermanas en el año 2004 tras ser víctimas de abusos sexuales por parte de su abuelo paterno permitió descubrir que la mayor de las chicas, de 17 años, arrastraba un tormento desproporcionado. Para los profesionales que la trataron, el cuadro de angustia que presentaba parecía ir más allá de los tocamientos a los que le había sometido el anciano (que fue condenado a 9 años de prisión). Al final, la joven confesó a su madre que también su padre había abusado de ella de forma continuada desde que tenía diez años. Y le explicó que si no había dicho nada hasta entonces era por el miedo que le infundía su progenitor. De hecho, declaró que este le amenazaba con "destrozar" la familia si contaba algo.

El procesado, para el que la fiscalía solicita ahora una condena de 11 años de prisión, fue juzgado ayer en la Audiencia Provincial de Zaragoza. La acusación particular comparte el relato de hechos del ministerio público, pero entiende que deben aplicarse agravantes como la de parentesco y la pena a imponer debe ser mayor: 13 años y seis meses. La defensa, que denuncia las "dilaciones indebidas de la causa", considera "execrables" los hechos. Sin embargo, entiende que "en absoluto han sido acreditados" y que se basan en "ilógicas especulaciones desmentidas por las pruebas practicadas". Por todo ello, reivindica la inocecencia del acusado y pide su libre absolución.

Cuando se descubrieron los abusos, la chica explicó que estos habían comenzado en 1997, cuando su padre subía a su dormitorio para practicarle supuestos "masajes". La familia vivía entonces en un pueblo de Barcelona, y el hombre le tocaba por debajo de la ropa hasta alcanzar sus genitales. A medida que la joven fue desarrollándose, los abusos se fueron haciendo más frecuentes.

La víctima también recordó que por aquella fechas, padre e hija hicieron un viaje a Zaragoza y se alojaron en un hotel, donde el primero había reservado una habitación de matrimonio. Según manifestó la joven, el procesado le obligó a ver una película de contenido pornográfico y luego la violó en un número de veces no determinado.

El fiscal explica en su escrito de calificación que los contactos sexuales continuaron tanto en el domicilio de Barcelona, como en el que luego alquiló la familia en Zaragoza, en el año 2002. Al parecer, cuando abusaba de ella, el hombre le pedía incluso a su hija que le hiciera comentarios de carácter libidinoso. Y en alguna ocasión, el procesado abandonaba la habitación dejando un billete de mil pesetas en la mesilla.

"La reencarnación de su mujer"

La menor asegura que habló con su progenitor para poner fin a los abusos, pero este se limitó a intimidarla para que no comentara nada a nadie. Le decía que si lo hacía, "destrozaría" su familia, porque él iría a prisión y su madre caería en una profunda depresión. Tratando de justificar su aberrante comportamiento, el acusado llegó a comentar a la chica que ella era "la reencarnación de la mujer que había tenido en otra vida". Asustada, la menor guardó silencio y nunca dijo nada. Pero como consecuencia de tanta presión, en mayo de 2003 comenzó a desarrollar un cuadro de miedos, ansiedad y rechazo a sentirse observada. El matrimonio llevó a la chica a una psicóloga, pero el tratamiento solo duró tres meses, porque el padre decidió ponerle fin. Previamente, este ya había advertido a su hija que tuviera cuidado con lo que decía.

Un año después, la víctima volvió a presentar un preocupante cuadro de estrés y angustia que obligó a hospitalizarla durante diez días. Fue entonces cuando se descubrieron los presuntos abusos y la madre decidió poner fin a la relación conyugal.

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