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OBRAS

Viaje por el Huerva inédito

Es el escondite del río, el atajo que toma el viejo Huerva a su paso por la ciudad y que durante años ha estado vedado a los ojos de casi todos.

 

Pero el Huerva inédito, el que discurre bajo el bulevar de la Gran Vía, se muestra por fin tras muchos años de incógnito en la oscuridad del subsuelo. La renovación de la losa que lo mantiene oculto del bullicio de la ciudad han permitido el descubrimiento.

 

En el interior del túnel de hormigón, de 400 metros, los lucernarios y agujeros que se han abierto en los últimos días para acometer las obras envuelven en una luz tenue pero suficiente lo que hasta hace unas semanas era la boca del lobo. El río, con un sospechoso tono grisáceo, discurre entre escombros, piedras, hierros y basuras diversas. El espacio, gigante para un caudal tan mermado, parece el escenario de una película de fantasmas.

 

Por allí, esquivando charcos y rocas, se adentra la concejal de Servicios Públicos, Carmen Dueso, acompañada por los responsables de la obra del tranvía, ya que la reforma de la cubierta del Huerva, a su paso por Gran Vía, está incluida dentro del proyecto de construcción de la nueva línea de transporte. "Esto demuestra la importancia del tranvía a la hora de renovar determinadas infraestructuras. El cubrimiento tiene más de 80 años y no reunía las condiciones adecuadas. Tenía un importante grado de deterioro", comenta Dueso.

 

Las vigas que sostienen la losa, de 14 metros de longitud y 1,10 de grosor, presentan un aspecto sumamente frágil. Llenas de grietas y desconchones después de ocho décadas bajo la Gran Vía, esperan a que las lleven a la escombrera. El director técnico del proyecto del tranvía, Santiago Rubio, se encarga de las explicaciones. "La losa la iremos cortando en piezas de dos por dos. Después, gracias a los agujeros, se engancharán a unas correas para ir retirándolas", dice.

 

Posteriormente, le tocará el turno a las 280 vigas. "Las sacamos de su sitio, las troceamos y las llevamos a un vertedero autorizado. La previsión es retirar cuatro o cinco al día", dice Rubio, que recuerda que la obra se ha planificado para que no se desprendan restos de hormigón al río.

 

Una plataforma móvil de 54 metros cuadrados situada bajo las vigas se encargará de las labores de apoyo a las grúas que acometerán el trabajo duro. También se ha utilizado ya para preparar los apoyos de las casi 300 nuevas vigas, más ligeras y resistentes, que sustituirán a las viejas. "La futura estructura puede durar 150 años y permitiría el paso por encima de un carro de combate de 60 toneladas", afirma.

 

Al final del túnel, a la altura de la plaza de Paraíso, el Huerva se esconde de nuevo de la vista de operarios y técnicos para volver a salir a la luz en el paseo de la Mina. En abril o mayo, las obras en la superficie estarán casi listas y este desconocido tramo de río retornará a la oscuridad y al olvido, ajeno al runrún del tranvía.

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