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Aprender a sobrevivir sin agua corriente

A la fuerza ahorcan. Lo saben bien los 25.000 vecinos de Utebo, Casetas y Garrapinillos que hoy, por segunda vez este año, tendrán que arreglárselas sin agua corriente. La reparación de la tubería de abastecimiento a los tres núcleos les obliga de nuevo a cerrar los grifos. Se quejan de la situación, aunque están resignados a sufrirla, y cruzan los dedos para que el corte no se prolongue más de un día, como ocurrió en mayo, y el miércoles todo se haya quedado reducido a una pesadilla.

Las brigadas municipales de Utebo ya trasladaron el viernes a los edificios públicos del municipio - los seis centros de enseñanza (cuatro colegios y dos institutos), el Ayuntamiento y el centro cultural de El Molino- las cisternas de 1.000 y 750 litros que se adquieron hace unos meses para mantener abiertos los sanitarios. Dos operarios se encargaban ayer de llenarlos. "Es una molestia porque es más fácil ir al grifo, pero en el anterior corte no llegamos a agotar todo el agua", explicaba el conserje de la escuela Parque Europa, Vicente Angulo. En todos los colegios se ha avisado a los niños para que se lleven pequeñas botellas de agua embotellada y en los comedores se recurrirá a platos y cubiertos desechables.

"Hay bares y peluquerías que la pasada ocasión tuvieron que echar el cierre, pero yo me voy a apañar bien con vasos y platos de plástico y garrafas para mantener funcionando la cafetera", explica la propietaria de la cafetería Las Fuentes, Sonia Sánchez. "Los clientes se muestran comprensivos porque en sus casas les ocurre lo mismo", añade.

La piscina cubierta de Utebo permanece cerrada por orden de Sanidad. Además, para minimizar las afecciones, el Consistorio suministrará en camiones cisternas en los polígonos industriales, el barrio de Malpica y el núcleo urbano.

Con los brazos cruzados tendrán que estar en algunas peluquerías, como en 'La niña de los peines' de Casetas, que desde hace un año regenta Sheila Talavera. "No sabía que iban a cortar el agua, tengo tres clientas para tintes y está claro que no podré hacerlos. Me quedaré aquí para avisarlas cuando vengan", lamentaba compugida. En casa no tiene bañera, y en mayo ya le tocó acudir a asearse a domicilios de familiares a Sobradiel y Alagón.

El plato de ducha también supone un problema en un día como hoy para Elena Reyes y Carmen Jiménez, vecinas de Casetas y Utebo. A la puerta del supermercado decían que no iban a comprar más agua embotellada de la normal "ya que nunca la bebemos del grifo".

El malestar era patente entre los que no se habían enterado de nada. En los domicilios particulares unos llenaban bañeras y otros hacían acopio de garrafas. Mariano Arribas, de Garrapinillos, reconocía estar acostumbrado, pero le molesta "como una patada en la espinilla". En cualquier caso, si alguien necesita los servicios del camión cisterna tiene que dirigirse a las alcaldías locales.

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