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"Me tiré desde la 5ª planta del Corona. Sé que llevo 30 años viviendo de regalo"

Las víctimas del incendio se reunieron ayer en Zaragoza con motivo del 30 aniversario. Uno de los supervivientes leyó un manifiesto celebrando "el final de una triste historia".

Los familiares de las víctimas depositaron flores junto a la escultura del parque de la Esperanza.
"Me tiré desde la 5ª planta del Corona. Sé que llevo 30 años viviendo de regalo"
J. m. MARCO

"Soy una víctima del Corona. Aquí, casi perdí la vida. Mejor dicho, llegué a estar muerto y me resucitaron. Porque estuve un mes en coma en el Miguel Servet, y por dos veces se me paró el corazón". Juan Domínguez, uno de los supervivientes del trágico suceso, explicaba ayer con admirable entereza una experiencia que ha marcado su vida. A punto de cumplir los 85 años, sabe que, desde hace 30, vive "de regalo".

El 12 de julio de 1979, rodeado por las llamas, el empresario valenciano decidió arrojarse al vacío de la quinta planta del hotel, con la esperanza de caer en una de las lonas que habían desplegado en la calle los Bomberos. "Por si me estrellaba en el asfalto, me puse la cartera en el bolsillo del pijama para que me identificaran", recordaba ayer Domínguez en el parque de la Esperanza de Zaragoza, donde se reunió con medio centenar de personas para conmemorar el 30 aniversario de la tragedia. El fuego segó 78 vidas y dejó 113 heridos, además de muchas familias rotas.

Para este superviviente, como para muchas otras víctimas, tres décadas después, se ha llegado "al final de una triste historia". "Algo así no se puede olvidar nunca, pero al fin hemos conseguido los reconocimientos que merecíamos y eso debe hacernos borrar cualquier posible rencor", decía este domingo Domínguez, en alusión a la reciente sentencia del Tribunal Supremo, que ha confirmado oficialmente su condición de víctimas de un atentado terrorista. El empresario aprovechó para agradecer a la ciudad la solidaridad que siempre les brindó, y aseguro que, desde entonces, se siente "tan aragonés y zaragozano como valenciano".

La madrileña Eva Martínez tenía 5 años, uno menos que su hermana, cuando perdieron a su padre, Ángel Martín Torres, en el incendio del Corona de Aragón. "Consiguió ayudar a dos personas, pero volvió a entrar y ya nunca salió", recordaba ayer emocionada. "Hemos vivido 30 años sin dignidad, sin reconocimiento y sin memoria", se lamentaba. Ahora, lo único que pide es que las instituciones públicas reconozcan esa verdad: "Que nuestros familiares no murieron por azar", concluyó.

El acto de homenaje se celebró en torno al conjunto escultórico del parque de la Esperanza, donde se levantaba la casa cuartel de la Guardia Civil que ETA voló en 1987, causando la muerte de once personas. Víctimas y familiares fueron arropados por la concejal de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza, Pilar Alcober, la secretaria general del PP en Aragón, Rosa Plantagenet, y el concejal popular Modesto Lobón. No hubo representación oficial de la Delegación del Gobierno, pero sí estuvieron el presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Juan Antonio García Casquero, y el de la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas, José Vargas Rincón.

Ayudas a las víctimas en Aragón

El delegado de la AVT en Aragón, José Marco Jalle, aprovechó el homenaje para criticar la Ley Aragonesa de Ayuda a las Víctimas del Terrorismo, porque "solo reconoce a las víctimas desde el año 1982 en adelante". "Se puso como fecha límite ese año, argumentando que fue entoncs cuando se aprobó el Estatuto de Autonomía. Pero ¿qué pasa con los aragoneses que murieron en atentados terroristas entre 1968 y 1982?", se preguntaba ayer Marco.

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