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La estación de Miraflores sigue en obras casi ocho meses después de su apertura

Un tren llegaba el martes al apeadero de Miraflores, tomado por las obras y con múltiples goteras.
La estación de Miraflores sigue en obras casi ocho meses después de su apertura
O. DUCH

Un barrizal como único acceso, goteras generalizadas y un frío helador. Esto es lo que padecen estos días los viajeros de cercanías para subir y bajarse del tren en Miraflores, donde la estación sigue en obras casi ocho meses después de su puesta en servicio. Y tendrán que esperar y seguir utilizando un apeadero habilitado en precario, dado que las empresas contratistas, Aldesa y Coalvi, no acabarán la construcción de la terminal hasta el mes de abril, según la última previsión oficial. Ni siquiera hay personal de atención al cliente, dado que la oficina prefabricada sigue cerrada y con los cristales apedreados.

El Ministerio de Fomento y la sociedad pública Zaragoza Alta Velocidad anunciaron su inauguración para la Expo, pero a estas alturas aún se debe rematar el cubrimiento de las vías y dar vida a la caja de hormigón a la que se reducen ahora las instalaciones. Las adjudicatarias se han encontrado más dificultades de las previstas en las obras, que se unieron a la paralización inicial para disponer de los terrenos. Y tienen la limitación de trabajar con el mantenimiento del tráfico de trenes.

Según personal ferroviario, el deficiente servicio de la terminal y la falta de comunicaciones con su entorno ha provocado una ínfima utilización. No llega ni al 8% del total de viajeros, la más baja de las cinco estaciones de la líneas Casetas-Miraflores. "Salvo cuando hay partido del CAI, apenas hay gente. En las horas de más demanda hay, como máximo, cinco personas que suban al tren. Tampoco me extraña, porque esto más bien parece el rally del Dakar", enfatizaron.

Los usuarios son más duros y lo tildan de "tercermundista", porque ni siquiera se ha impermeabilizado el cubrimiento de las vías. "Parece mentira que todo siga igual", apuntó Miguel Pérez.

La silueta de hormigón del edificio se divisa junto a la boca del túnel de Fleta, que se ha levantado al mismo tiempo que avanzaba el cubrimiento de las vías hasta el tercer cinturón, a lo largo de 360 metros. Su impermeabilización se efectuará a lo largo de febrero.

La única imagen que hace reconocible las instalaciones es un cartel rojo, identificador de las cercanías de Renfe, en los descampados junto al pabellón Príncipe Felipe. "Parece increíble cómo están los accesos, totalmente embarrados. No me podía creer que estuvieran tan mal. Las cosas se tienen que inaugurar completas, porque esto no es ni un acceso. Así no me extraña que la gente no se anime a venir", apuntaba indignado el taxista Juan Paredes.

En el interior del túnel, los operarios se afanan en levantar tabiques y habilitar el edificio anexo. Los usuarios deben esperar a la intemperie y sin poder sentarse, dado que los bancos y la papelera instaladas están justo en la zona de obra, separada por vallas.

El único viajero del convoy que llevó al mediodía del martes se quejó de las instalaciones. Adrián Ramos viaja dos veces a la semana para visitar a su novia y está sorprendido por el retraso acumulado. "Vengo desde Utebo y no es de recibo que aquí esté todo lleno de goteras y los accesos sigan sin asfaltar. Menos mal que el servicio de Renfe es bueno", dijo.

Este usuario apuntó que una demora de dos meses la puede llegar a entender, pero no la que acumula. De la misma opinión era Demetrio Ubieto, vecino de la zona y usuario ocasional: "Está en malas condiciones y van despacio".

La terminal, de dos plantas, dispone de un andén lateral. Los operarios trabajan ahora en las canalizaciones eléctricas y en el tendido de los falsos techos, entre otros tajos. La escalera mecánica interior se ha montado, casi lo único que permite imaginar cómo serán las futuras instalaciones.

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