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La eterna espera de una oportunidad para el Casco

Pese a las mejoras que se han producido en el centro histórico de Zaragoza, el barrio sigue adoleciendo de múltiples problemas a la espera de que se confirmen las millonarias promesas inversoras.

nLa urbanización de la calle de Las Armas
La eterna espera de una oportunidad para el Casco
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En la plaza de San Pablo, en el corazón del Casco Histórico, se vive de otra manera. La calle es escenario de mestizaje y encuentro, late a otra velocidad, entre los trazos dejados por la historia y la mezcla de culturas y gentes. Pero también es un muestrario de desidia y olvido, de grandes promesas en muchas ocasiones incumplidas, de éxitos rutilantes y fracasos que, por mucho que se quieran disfrazar, ahí están. Ahora que los políticos vuelven a coger la bandera del Casco, anunciando inversiones millonarias, los veteranos del barrio se miran a sí mismos con la esperanza de que algún día se confirme su eterna espera de una oportunidad. Porque en el Casco se han hecho cosas y se nota. Pero falta mucho. Y se nota también.

El distrito inició un cierto despegue en 1997, cuando se puso en marcha el Plan Integral del Casco Histórico (PICH), que concluyó con 118 millones de euros de inversión. Fue un impulso, sobre todo en materia de infraestructuras y equipamientos, pero había tanto por hacer que se quedó en un primer paso de otros muchos que todavía hoy están pendientes.

No obstante, de esa época procede la reforma del Museo del Fuego, ya finalizado tras numerosos retrasos, el Centro Deportivo Municipal Palafox, la urbanización de la manzana de las calles de Las Armas y Casta Álvarez (aún sin terminar) o la mejora de numerosos viales del barrio, fachadas y viviendas, así como la construcción de VPO. El Casco Romano, epicentro cultural y turístico de Zaragoza, adecentó su aspecto, pero La Magdalena y, sobre todo San Pablo, siguieron arrastrando una deuda histórica que engordó año tras año.

Nardo Torguet, gerente de la sociedad municipal Zaragoza Vivienda y buen conocedor de la vida del Casco, subraya que ha habido 10 años de "fuerte intervención pública que se ha convertido en motor de la iniciativa privada". Y da algunos datos: en el Casco se han construido casi 500 pisos protegidos y se han rehabilitado otros 130. "Eso supone un efecto de dinamismo importante y una renovación de la población, sobre todo la más joven", afirma Torguet.

Pese a los avances, el parón de los últimos años es evidente. Ya en 2004 se anunció la reedición del PICH, que supondría una inversión de unos 250 millones de euros hasta 2012. Pero sistemáticamente se incumplieron las previsiones. "Estamos muy preocupados, porque los partidos han sacado el PICH de su agenda y lo han convertido en arma arrojadiza. Esto nos ha dejado a la intemperie", afirma José Luis Terol, presidente de la Asociación de Vecinos Lanuza-Casco Histórico.

Si se analizan las previsiones del PICH 2005-2007, el déficit que arrastran las inversiones del Casco ronda los 180 millones de euros. En 2008, frente a los 63 millones que prometió el documento cuando se presentó, solo se presupuestaron 17,5. Y eso que fue un año récord en partidas del PICH.

Hace unos días, el alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, y el portavoz de IU y presidente de la Junta del Casco Histórico, José Manuel Alonso, anunciaron 61 millones de inversión, de los que 25 procedían del fondo estatal y 36 del presupuesto municipal. La inyección económica es clara, pero también es real que este año 2009 solo se han previsto 9,5 millones de euros en partidas para el PICH, la mitad que en 2008. El Ayuntamiento, de momento, no ha explicado detalladamente cómo ha sumado los 36 millones que saldrán de las arcas municipales.

Sin duda, el globo del PICH se deshincha. Ni siquiera la Expo supuso un cambio en la tendencia. "Ha sido frustrante comprobar que el Casco Histórico formaba parte de la ciudad que no se quería mostrar", afirma Terol, que cree que "el PICH se ha mantenido como marco jurídico, pero ha perdido el alma". Manuel Baños, de la Asociación de Comerciantes del barrio, expone la misma opinión pero con más crudeza: "El Ayuntamiento no quiso que nadie viniera, porque no había nada que enseñar. Lo que había era denigrante y vergonzoso".

300 edificios en estado pésimo

Aunque la situación ha mejorado en los últimos años, las carencias en materia de solares, rehabilitación de viviendas, conservación de infraestructuras, limpieza o rehabilitación son evidentes solo con un paseo por el barrio. Pese a los esfuerzos en materia de rehabilitación, según datos de Urbanismo, entre enero y octubre del año pasado hubo en el Casco 159 requerimientos de obras a particulares por problemas en sus viviendas, frente a los 162 del resto de la ciudad. Pero la situación no se queda ahí: fuentes del Ayuntamiento de Zaragoza admiten que en el Casco Histórico pueden existir en la actualidad unos 300 edificios en un estado "pésimo".

El callejón de Echeandía, uno de los más antiguos de la ciudad medieval, es un ejemplo claro. "Es un agujero", dice Terol resignado. Allí, el inmenso solar situado entre César Augusto y San Pablo sigue acumulando basura y deteriorándose día a día. Y la reforma de la plaza de la Sala Oasis, en Boggiero, no llega nunca. Manuel Baños afirma irónico que en esos terrenos "hay ratas, ratones y, si escarbas un poco, rinocerontes".

En Pontoneros, el inmenso solar que en su día se previó para el Archivo es hoy una triste estación de tránsito del menudeo de drogas. Y, en La Magdalena, donde el problema de los solares es incluso más grave que en San Pablo, los focos de suciedad y deterioro parecen no ver el fin.

¿Pero el Casco solo necesita mejoras urbanísticas y de sus infraestructuras? En eso todos coinciden que no. El incremento del número de inmigrantes, que ya representan el 22,65% de la población (es el mayor porcentaje de Zaragoza), y la existencia de focos de exclusión en el barrio obliga a reforzar las intervenciones distintas a las meras obras y reparaciones. "El problema principal es que hay que abordar la realidad social de un sector significativo de familias del barrio. En eso estamos estancados", afirma Terol.

Por otro lado, está la economía. "Es un momento de reunir esfuerzos por parte de las administraciones porque está fallando la iniciativa privada", admite Torguet. El cierre de locales comerciales es el mejor ejemplo y uno de los problemas más graves del barrio.

Hasta que los políticos se pongan de acuerdo y abandonen las guerras de cifras y el reparto de medallas, en la plaza de San Pablo y en el resto del Casco Histórico seguirán con su eterna espera y con más cuentas pendientes que saldadas. El barrio espera un estímulo y, sobre todo, una labor sostenida en el tiempo. Como dice el propio Torguet, "el trabajo en los cascos históricos es una carrera de fondo". Ahora llega la hora de demostrarlo.

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