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Zaragoza
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VIDA EN RANILLAS

La fiebre de los sellos

El nacimiento del famoso Pasaporte Expo, y posteriormente el de la Unión Europea, han supuesto una revolución para los visitantes y para los azafatos, que cada vez tienen más trabajo. ¿El objetivo de la visita a la Expo? Conseguir la mayor cantidad de sellos posible.

¿Me pone el sello? Esta es la cantinela con la que tienen que lidiar todos los días los trabajadores de los pabellones. Cada vez son más los que dejan el sello a disposición de los visitantes y se convierte en un autoservicio. Esto ha llevado a que ya no sea el pasaporte el único lugar en el que se estampen los sellos, sino que algunas partes del cuerpo también acaban marcadas. Por el recinto pueden verse cuerpos tatuados con sellos de países, ¿tal vez acabe implantándose esta moda en las pasarelas?

Alba y Aída son dos amigas que han venido juntas a la Expo y llevan sus correspondientes pasaportes. “Hemos estado en 40 o 50 pabellones, y lo que más nos ha gustado ha sido el Acuario, pero ahí no ponían sello”, explica Alba. Pero ninguna de las dos está dispuesta a dejarse tatuar el cuerpo con estas estampas, aunque cuentan que han visto a gente con sellos por todo el cuerpo, “incluso por la cara”, matiza Aída.

La cuestión es que ya no es algo solamente de niños como se pensó en un principio, sino que padres, tíos y abuelos se han apuntado a esta diversión. Al final del día, las familias hacen concursos para ver quién ha conseguido más y ha ganado al resto de familiares cuyo esfuerzo queda en nada.

En algunos pabellones la gente ni siquiera entra, y solo se acerca para conseguir el preciado sello. Este nuevo perfil de visitante se está multiplicando y ha provocado un efecto llamada, y ahora todo buen turista-Expo que se precie debe llevar su pasaporte colgado del cuello para facilitar la tarea de la recogida de sellos.

Algunos son veteranos ya en esta técnica, como José Antonio Ordaz, sevillano que ya conocía los pasaportes por la Expo del 92. “Cogí la costumbre en la de Sevilla, y aquí lo primero que hice fue comprarme el pasaporte, en dos días he conseguido 85 sellos”, señala orgulloso.

Además de los cientos de fotos que han hecho de la muestra, los afanados excursionistas ya tienen otro bonito recuerdo de su visita. Con su pasaporte, podrán demostrar que han estado en todos esos países, mejor dicho, en todos esos pabellones, aunque más concretamente tal vez solo hayan pisado la entrada y ni siquiera se hayan fijado en el contenido del pabellón.

Igor, de 12 años, ha venido del País Vasco para pasar un día en la Expo, y ha comprado su pasaporte por la tarde, después de ver a varios chavales que lo llevaban. “De momento solo llevo tres sellos: Bélgica, Dinamarca y Hungría”, comenta Igor. “Ahora intentaremos entrar en alguno solo para conseguir el sello, porque hemos estado en un montón, pero todavía no teníamos el pasaporte”, puntualiza la madre de Igor.

Hay visitantes que incluso llevan una lista con los espacios que les faltan para completar todos los sellos y que van tachando nombres conforme se aventuran en la muestra. Este es el regalo estrella de las tiendas Expo, y cuesta 4,95 euros con funda y 3,30 sin ella. Con la compra de un pasaporte Expo dan de regalo el de la Unión Europea.

Del pasaporte de la Unión Europea se hicieron 50.000 unidades que comenzaron repartiéndose gratuitamente, pero ahora han llegado a un acuerdo y se entregan junto al pasaporte Expo. La curiosidad es que cuando está completo el pasaporte europeo, se puede entrar en un sorteo para viajar a Bruselas, y además, el pabellón hace un obsequio a cada visitante que se acerque con su pasaporte sellado.

Mariana Pereira, de 9 años, lo ha completado, ya que en tres días, y gracias al empeño de sus padres, ha conseguido ver todos los pabellones. “Lo más difícil ha sido ver el pabellón de España”, comenta su padre, resignado tras las horas de fila que han tenido que hacer. Pero Mariana vuelve contenta a Coimbra después de haber visto toda la Expo y haber recibido su correspondiente regalo.

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