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Zaragoza
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VIDA EN RANILLAS

Y después de comer…

La peor hora en la Expo es la de después de comer, cuando el cuerpo pide un descanso y el visitante añora su cómodo sofá mientras se achicharra y la Avenida 2008 comienza a hacérsele eterna. Pero hay algunos escondites en los que podrá sentirse como en casa.

Después de comer, ¿qué mejor que un ‘cafelito’ para bajar el bocata que se acaba de meter entre pecho y espalda? Pues Colombia es su sitio, aquí, además de disfrutar de un auténtico café colombiano, no gastará ni un duro, ya que es gratuito. Y lo mejor, el pabellón de los países latinoamericanos no tiene filas para entrar.

Pero si es más de té, no deje de pasarse por la íntima tetería que ha abierto Túnez en su pabellón, donde podrá encontrar té a la menta que quita el calor, e incluso podrá fumarse una pipa si se le antoja.

Si es de aquellos que no perdonan una siesta, también tiene solución aún estando en el recinto de Ranillas. Aunque no podrá descalzarse, ni ponerse el pijama, hay lugares que parecen haber sido diseñados expresamente para echar un sueñecito. El pabellón de Galicia, por ejemplo, tiene unos asientos que junto a la oscuridad y la música relajante que suena en la pantalla, invita a cerrar los ojos unos minutos antes de proseguir la marcha.

Aunque el lugar más conocido para siestas en masa del recinto son las gradas del escenario del pabellón de los países latinoamericanos. Allí, al mediodía, cuando no hay actuaciones musicales se pueden escuchar sonidos de la naturaleza. Aquí las leyes no existen y los adormilados visitantes se quitan las sandalias para usarlas de almohada. Pero si el tiempo no es demasiado caluroso, la plaza ajardinada situada junto a Oikos es otro buen lugar para relajarse a la sombra de los árboles sintiendo la hierba bajo los pies. Aunque es más adecuado para las últimas horas de la tarde, cuando el sol no pega tanto, muchos visitantes lo están empezando a utilizar también como lugar de almuerzo.

Y si lo suyo es ver la tele, no se preocupe que también hay sustitutivos. No podrá ver la última telenovela venezolana, pero sí que encontrará pantallas con diversas informaciones, más o menos interesantes. Por ejemplo, en el pabellón griego se proyecta un documental que puede verse desde unos bancos con forma de barcos de papel, mientras que en Lituania están continuamente emitiendo imágenes del baloncesto histórico del país. Para los fanáticos de este deporte no habrá mejor plan que bajar la comida con una sidra de pera en el refrescante pabellón mientras observa los mejores tantos de los jugadores lituanos.

No pase por alto las actuaciones de la tarde de los balcones de las artes y de las músicas porque se pueden ver obras estupendas desde unas fantásticas sillas. Y tampoco debe dejar de lado los shows que ofrecen algunos pabellones como el de Malasia o Vietnam. Siempre son entretenidos, y dentro de los espacios la temperatura suele ser agradable.

La hora de después de comer no tiene por qué ser una hora tonta, más bien lo contrario, conviértalo en un rato para relajarse y cargar pilas para continuar la visita.

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