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El puente turolense que nadie quiere arreglar

La DGA no encuentra empresas para demoler el antiguo y olvidado viaducto de la pedanía de Olalla y levantar uno nuevo en su lugar

Estado del puente, con gran parte de sus materiales en el suelo.
Estado del puente, con gran parte de sus materiales en el suelo.
Heraldo

El Gobierno aragonés tiene previsto sacar a concurso por tercera vez el derribo del puente de Olalla y la construcción de otro nuevo en el mismo lugar. La infraestructura, probablemente construida en las primeras décadas del siglo XX y necesitada de mantenimiento, se cae a pedazos y es urgente acometer una actuación, pero las dos licitaciones anteriores para ejecutar el proyecto, en junio y octubre de este mismo año, quedaron desiertas al no presentarse ninguna empresa.

Al parecer, la realización de la obra no compensa a las constructoras. Y ello no solo porque el presupuesto con el que sale a licitación, 532.442 euros, ha podido quedar desfasado tras la subida de precios en los materiales y combustibles. También influye, y mucho, la complejidad de desarrollar un trabajo especializado en un núcleo de población de apenas 20 vecinos situado a 18 kilómetros de tortuosa carretera de Calamocha, el Ayuntamiento al que pertenece.

Según explica el director general de Carreteras de la DGA, Bizén Fuster, tras la primera licitación fallida se creyó que el problema podría ser el dinero y se aumentó la cuantía en un 20%. Sin embargo, el segundo concurso tampoco obtuvo respuesta por parte de las empresas. Al preguntar el porqué de su desinterés a aquellas compañías aragonesas aparentemente con capacidad para ejecutar el proyecto, la respuesta fue que la falta de operarios cualificados en la zona de Olalla así como el transporte de materiales hasta esta pedanía escondida en el corazón de la Sierra de Cucalón encarecía la ejecución. Otras empresas encuestadas confesaron abiertamente no tener capacidad de personal para llevar a cabo los trabajos.

Sobre el puente pasa la carretera de acceso a Olalla y Fonfría.
Sobre el puente pasa la carretera de acceso a Olalla y Fonfría.
Heraldo

"Hay que buscar alojamiento para los trabajadores especializados que vienen de fuera y transportar hasta allí los materiales y las vigas prefabricadas de hormigón de hasta 26 metros de longitud con las que se hará el nuevo puente; todo eso aumenta los costes y por eso no compensa a las empresas", señala Fuster.

"Esta vez saldrá adelante"

Ante esta situación, y con vistas a licitar de nuevo el proyecto a lo largo del próximo año, el Gobierno aragonés intentará volver a actualizar el presupuesto, a la espera de que los problemas añadidos que ocasionan las distancias y la búsqueda de alojamiento para los operarios no desanimen a las empresas. "Tenemos confianza en que esta vez saldrá adelante la obra", asegura Fuster.

El alcalde pedáneo de Olalla, Francisco Javier Gimeno, celebra que se vaya a construir un puente nuevo, pero no tiene tan claro que la mejor solución sea derribar el que existe ahora. Algo de pena le invade al pensar que los tres ojos y las gruesas pilastras del puente que desde hace un siglo forman parte de la imagen de Olalla vayan a desaparecer.

Estropeado "por dejadez"

"Lo ideal sería conservar el puente actual y construir otro al lado. Todo el pueblo pasea por allí y los vecinos hemos jugado de niños en ese lugar; hasta creo que saldría más barato remozarlo que derribarlo", asegura Gimeno. El alcalde de Olalla carga, además, contra la falta de conservación que ha sufrido esta infraestructura a lo largo de las décadas. "No se ha echado allí ni un pellizco de cemento en toda la vida, y claro, ahora está para cambiarlo", protesta. "Se ha estropeado por dejadez, porque nadie lo ha cuidado", añade con pesar.

Desde el Centro de Estudios del Jiloca también lamentan su próxima destrucción. Uno de sus técnicos, Fran Martín, sostiene que, históricamente, "no se ha hecho caso de este patrimonio", lo que ha impedido dotarlo de una mínima figura de protección que ahora evitaría su derribo.

Bizén Fuster destaca que el puente de Olalla, que salva una rambla, es "irrecuperable" por su gran deterioro. "Si no se actúa pronto, hay peligro de derrumbe", asegura. El año pasado se cayó gran parte del muro de piedra que hace de barandilla en uno de sus lados y ahora, por seguridad, no pueden circular dos vehículos a la vez en distinto sentido.

La plataforma del nuevo puente tendrá una anchura de siete metros, lo que vendrá muy bien "para que los vehículos, que son cada vez más anchos y pesados, especialmente los agrícolas, se puedan cruzar sin problemas". Además, contará con una acera para peatones a cada lado, un elemento del que carece el puente antiguo.

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