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Una plaga de jabalíes arruina las cosechas de maíz en el entorno de la laguna turolense del Cañizar

Los agricultores denuncian que solo han recolectado un tercio de lo previsto. Los animales se refugian en el humedal y se alimentan en los campos

Fernando Sanz, en uno de sus campos de maíz cercano a la laguna del Cañizar pisoteado por los jabalíes.
Fernando Sanz, en uno de sus campos de maíz cercano a la laguna del Cañizar pisoteado por los jabalíes.
Jorge Escudero

“Vengo aquí y me pongo malo; no volveré a sembrar maíz, no quiero que sirva solo para alimentar a los animales silvestres”. Es la desolación de un agricultor de Cella, Fernando Sanz, al recorrer sus campos en el entorno de la laguna del Cañizar y comprobar los daños que han causado los jabalíes. Explica que estos animales han encontrado refugio en la abundante vegetación que rodea el humedal y desde allí salen por la noche hacia los cultivos para comer, causando destrozos en 200 hectáreas de terreno.

Sanz lamenta que tendrá que plantar un cereal que guste menos a los jabalíes pese a que las parcelas cercanas a la laguna “son las mejores de todo el término para el maíz”. Explica que, debido a la humedad natural, las mazorcas “crecen solas, sin necesidad de riego”. Los destrozos de estos animales ya le han obligado a cosechar dos meses antes de lo previsto para impedir que las pérdidas sean aún mayores. En total, Fernando ha recogido unos 6.000 kilos de maíz, cuando sus cálculos apuntaban a más de 16.000 kilos.

Relata que otros agricultores de Cella también han optado por cambiar de cultivo, “porque las cuentas no salen”, y ya han labrado sus campos llevándose por delante cualquier resto de panocha. “Estamos hartos de los jabalíes”, se queja Fernando Sanz, que es, además, representante sindical de UAGA en la zona. Cuenta que este año la presencia de estos animales es mayor y achaca su abundancia a que “debido a la climatología o a otros factores que quizá se nos escapan, en el monte tienen menos bellotas para alimentarse”.

Fernando muestra una mazorca comida por los jabalíes en un campo cosechado antes de tiempo para evitar más daños.
Fernando muestra una mazorca comida por los jabalíes en un campo cosechado antes de tiempo para evitar más daños.
Jorge Escudero

Si bien el problema es más acusado en los alrededores de la laguna del Cañizar, también existe, sin embargo, en los campos de la vega del Turia. En Villaspesa, una pedanía de la capital turolense, otro agricultor, Miguel Pérez, asegura que la población de jabalíes “está creciendo”. “Los animales bajan del monte y causan verdaderos estragos en los campos”, relata. También ha decidido adelantar la recolección aunque eso suponga gastar más dinero en el secado del maíz, al haber sido recogido más tierno de lo conveniente para su almacenamiento. Pérez calcula que los jabalíes se han comido el 10% de su cosecha de maíz.

En el Bajo Aragón, en la zona entre Alcañiz, Calanda y Andorra, el responsable del sindicato agrario UAGA, David Andréu, cifra en un 15% las pérdidas en las cosechas por la presencia de jabalíes. “No es solo lo que comen, son también las plantas que rompen y pisotean”, explica Andréu, que reclama “más batidas de cazadores para poder frenar el problema”.

Un jabalí, captado de noche por una cámara en un campo de Villaspesa.
Un jabalí, captado de noche por una cámara en un campo de Villaspesa.
Heraldo

El presidente del sindicato agrícola Asaja en Teruel, José Manuel Cebollada, considera que es “urgente” resolver la cuestión de los animales salvajes, “no solo por los daños en los cultivos, sino también porque son un peligro en las carreteras y pueden transmitir enfermedades al beber de las mismas fuentes que el ganado”.

Cebollada reclama que “se indemnice a los agricultores que sufren los efectos de estos animales”. “La Administración se lava las manos –denuncia el sindicalista–, pero necesitamos una solución rápida”. Destaca que la provincia de Teruel es la más afectada en Aragón por los jabalíes al ser “un hábitat perfecto para ellos, pues tiene altitud y un paisaje que les sirve de refugio”. A su juicio, el confinamiento por la pandemia terminó de convertir a Teruel en un “paraíso” para los jabalíes, al desaparecer durante todo un año la caza de unos animales sin más depredador que el hombre.

Cebollada advierte de que “si hay una protección excesiva hacia los animales salvajes, pronto tendremos en Teruel al lobo”. Añade que una falta de control sobre especies silvestres que dañan el campo “acaba en caza furtiva, una práctica ilegal y muy peligrosa”.

Desde el Departamento de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente de la DGA explican que no se contempla, por ahora, indemnizar por los daños del jabalí en la agricultura. Destacan que el jabalí es una especie cinegética y que, por tanto, se puede cazar y añaden que el plan de caza de Aragón es “uno de los más permisivos de España”.

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