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La metralla de la Batalla de Teruel oculta en los árboles, un grave problema para las serrerías

Más de 80 años después del conflicto, los fragmentos de artefactos explosivos rompen las herramientas de las empresas

Mateo Bielsa muestra un trozo de metralla hallado en los troncos que llegan a su serrería de Teruel.
Mateo Bielsa muestra un trozo de metralla hallado en los troncos que llegan a su serrería de Teruel.
Antonio García/Bykofoto

La gran cantidad de metralla que durante la Batalla de Teruel quedó incrustada en los troncos de los árboles es, más de 80 años después de acabada aquella guerra, un grave problema para las empresas madereras. Los fragmentos de los artefactos explosivos, ocultos al haber sido recubiertos de varios anillos de madera con el paso del tiempo, no son detectados hasta que las máquinas de los aserraderos se rompen al chocar con ellos, lo que causa severas pérdidas de tiempo y dinero a los empresarios.

Así lo explica el gerente de una de las madereras de Teruel, Mateo Bielsa, quien relata que, cada vez que aparece un trozo de metralla en la materia prima que procesan en su empresa, "la extorsión es grande, porque se rompen los dientes de las sierras con las que cortamos los troncos y hay que detener la producción durante una jornada". Destaca que la maquinaria con la que trabajan es "muy cara" pues una sierra puede llegar a costar 500 euros.

"Es un grave problema que venimos padeciendo durante décadas y cuya solución es muy difícil. Se ha eliminado ya mucha metralla, pero aún queda bastante porque esta zona estuvo minada", destaca Bielsa. Los troncos de cortas procedentes de algunas zonas de las sierras de Gúdar-Javalambre, Albarracín o la Comunidad de Teruel –enclaves en los que hubo ataques de uno y otro bando–, pueden deparar la desagradable sorpresa de incluir fragmentos del cuerpo de un artefacto explosivo que salieron proyectados tras su detonación clavándose en los árboles.

En busca de un método para descartar talas que puedan dar al traste con las herramientas de una serrería, algunos empresarios recorren el entorno con un detector de metales, pero el resultado no es del todo satisfactorio, pues la metralla suele estar a varios centímetros de la corteza, en el corazón del tronco, y no siempre es percibida por el aparato.

Bielsa se sirve de su experiencia para dar por bueno un futuro cargamento de madera. "Si veo pozos en el suelo u otros signos de que allí cayeron bombas, no compro la madera", afirma. Explica que en las zonas más rocosas del entorno de Teruel, algunas bombas que descargaba la aviación se estrellaban contra piedras de gran dureza estallando en mil pedazos que quedaron incrustados en la madera. 

Su empresa, fundada por sus abuelos, cumple 70 años de actividad. Los primeros 20, la familia Bielsa tuvo su maderera en Cedrillas, mientras que el último medio siglo la serrería ha estado funcionando en la capital turolense.

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