Teruel

aragón, pueblo a pueblo

Tormón se pone rupestre a la espera de la resina

La aparición de varios abrigos de arte levantino en las paredes de piedra del término ha atraído el interés de expertos de toda España, y se valora el regreso de la actividad resinera.

Es miércoles y Sergio Antón ha llegado con su furgoneta de fruta, verdura y bienes de primera necesidad a Tormón. La plaza está en obras; otro Sergio Calvo, constructor que vive en el pueblo, anda en la faena con sus dos trabajadores. A por la fruta se acercan Victoria, Josefa y Paquita. “Ya lleva tiempo viniendo, ¿cuánto llevas, Sergio?”. “Ocho años –responde el aludido– y ya venían antes mi suegro y el padre de mi suegro”. Sergio Calvo hace un alto en la faena para explicar su vida en Tormón. “Soy de Barcelona, pero llevo viniendo 30 años por aquí, éste es el pueblo de mi mujer y mis suegros. Me quedé sin faena en Barcelona y decidimos venir en 2007, y no ha faltado trabajo. Tenemos tres hijos; uno estudia en Barcelona y las otras dos en Teruel. Mi hijo me echa una mano los veranos, lo aseguro y se suma a la faena para sacarse unas perras. Estoy encantado aquí; incluso probé la resina un par de años, pero por ahora me centro en la obra”.

Faustino Archilaga, el alcalde, reparte su tiempo entre Teruel y Tormón. “Nací aquí, hace muchísimos años –ríe– y viví en el pueblo hasta la mili. Había trabajado un par de inviernos en Barcelona y tras la mili ya me fui allá, en Tormón era una cuestión de supervivencia, pero hemos vuelto a la vejez. En mi casa hacíamos de todo: teníamos mulos para la leña y la labranza, y se explotaba la resina; fui 12 años, desde niño, con mi padre. También teníamos ganado, que cuidaba mi hermana. Con todo a la vez íbamos tirando. Aquí en los 60 la gente se dedicaba a los pinos, había mina… era a mitad de los 60, venían incluso de Alobras y El Cuervo porque aquí no estábamos suficientes para las tareas. Las carreteras las hicimos a pico y pala, en invierno pelábamos y arrastrábamos pinos en el rodeno... de todo”.

La aparición de varios abrigos de arte levantino en las paredes de piedra del término ha atraído el interés de expertos de toda España, y se valora el regreso de la actividad resinera.

Reinventarse

El presente pinta un panorama distinto. “Ahora –explica Faustino– todo eso no existe; la tierra no vale para cultivar porque la poca buena que hay no se deslindó en su día y ahora está dentro de bosque protegido, no hay mina, la madera no vale nada, la resina no se explota y los ganaderos pequeños tampoco tienen para el día a día. En los servicios, la del bar no siguió; no le salían las cuentas y tampoco podíamos ayudarle más. En el pueblo queda muy poquita gente el año, porque el que se va no vuelve”.

Tirso Mora corrobora las palabras de Faustino. Este tormonense salió del pueblo a los 30 años y pasó 32 en Barcelona. “Al principio echaba de menos absolutamente todo; fue pasar de la plena libertad a trabajar en algo nuevo y desconocido para mí, pero tuve suerte con el trato en el trabajo. Tenía a Tormón en la cabeza todos los días; lo que más echaba de menos era la naturaleza, los amigos que eran como familia… y ojo, que no era una vida fácil aquí, pero trabajabas muy a gusto. Barcelona es demasiado grande”.

Las pinturas rupestres

En el término municipal de Tormón hay una notable cantidad de muestras del arte rupestre levantino, con tres abrigos principales cerca de la llamada Casa del Forestal, a 4 kilómetros y medio del pueblo: el de las ‘Cabras Blancas’, en una pequeña cueva, el de la ‘Paridera’, cercano y de figuras muy pequeñas, y el de la ‘Cerrada del Tío Jorge’ o ‘Tío José’, descubierto por un cura de la zona hace 100 años, que muestra un toro.

La abundancia de muestras es sorprendente. “No habíamos visto muchas de ellas –reconoce Faustino– y el caso es que el toro estaba muy cerca de la Casa Forestal; un alemán encontró las ‘cabras blancas’ en los 60, localizó el punto y empezó a venir más gente. Aparecieron cuatro o cinco más, que se protegieron rápidamente. Luego fueron llegando las universidades, sobre todo Zaragoza y Salamanca, se editaron varios libros... y siguen apareciendo; hace tres, años otras cinco, que pudimos proteger el año pasado. El miembro de un retén de incendios se las topó por casualidad. Y hay más cosas: yo mismo me topé con un aljibe picado en piedra, en un alto, que parece pertenecer a un poblado; llevé muestras a Zaragoza hace dos años y esperamos respuestas sobre el tema. El turismo sería una posibilidad de futuro, pero no la solución definitiva”.

En datos

Comarca: Comunidad de Teruel

Población: 31

Distancia a Teruel: 35 km

Los imprescindibles

La cascada Calicanto

Los estrechos del Ebrón son un paseo fantástico que comunica Tormón con El Cuervo, y nada más comenzar el tramo, a apenas un kilómetro de Tormón, está la hermosa cascada de Calicanto, junto al antiguo molino local.

Los maquis

Tormón tiene una huella histórica con la famosa cueva de los maquis en el Ceñajo El Verde, que estuvo poblada hasta 1953. También hubo un campamento en la zona aledaña. Un periodo no exento de tensiones en la zona.

Las fiestas

Son la tercera semana de agosto y aúnan las festividades de San Cristóbal, San Rafael y San Roque. La Asociación Cultural El Horno es muy activa en su preparación junto al Ayuntamiento y la comisión; tiene su local.

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