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La población celebra la apertura de la N-232 en Monroyo después de 25 años de obras

La carretera, estrecha y con curvas cerradas y sin visibilidad, era un cuello de botella para el desarrollo del Bajo Aragón Histórico. No hubo inauguración oficial.

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Dos vecinos de Monroyo, junto a la nueva carretera, que impulsará el desarrollo de la zona.
Laura Castel

"¿De verdad está ya abierta?". Esta es la pregunta que se hacían este viernes los vecinos del Bajo Aragón Histórico, que no terminaban de creerse que, después de 25 años de obras, paralizaciones y mil y una vicisitudes, al fin se abrieran al tráfico los 14,1 kilómetros desde el cruce de Ráfales al límite con la provincia de Castellón. Tan solo unos pocos kilómetros de carretera que, sin embargo, han sumado muchos problemas y escasa voluntad política por parte de gobiernos de todos los colores para terminar con un cuello de botella de 17 kilómetros que impedía la correcta comunicación entre el este de Aragón y el norte de la Comunidad Valenciana y lastraba las posibilidades de desarrollo del Bajo Aragón, el Matarraña y el norte de Castellón.

De hecho, se espera que ahora la afluencia de tráfico sea mayor ya que muchos conductores escogían otras vías para evitar pasar por esta carretera debido a su estado. "Es un día histórico para nosotros después de tantos años de obras, es un proyecto muy necesario para el futuro del territorio. Ya he hecho el recorrido en coche tres veces y otros vecinos también", explicó César Lombarte, gerente de la Posada Guadalupe de Monroyo.

El coste total de las obras es de casi 70 millones de euros, en los que se incluye un sobrecoste de 11,6 millones de euros.

Una apertura histórica para la zona que sin embargo no contó con una inauguración oficial ni cortes de cinta por parte del Ministerio de Fomento ya que la ley electoral no permite este tipo de actos. Sí que hubo una visita a las obras por parte de alcaldes y otras autoridades del Matarraña y la comarca vecina de Els Ports (Castellón) acompañadas por el subdelegado del Gobierno en Teruel, José Ramón Morro.

Aunque tan solo se han recortado tres kilómetros, al pasar de 17 a 14, el nuevo recorrido se nota en seguridad y también en tiempo. Ahora se realiza en apenas nueve minutos. Permite viajar desde Alcañiz a Morella en 35 o 40 minutos frente a los 52 y 59 minutos anteriores.

Mientras que la carretera anterior no llegaba en algunos puntos a los seis metros de anchura, ahora tiene siete metros más los arcenes de metro y medio. La obra cuenta con dos viaductos que eliminan 21 curvas y sendos túneles, los de Monroyo y la Consolación, de 455 metros y 250 metros respectivamente, que permiten olvidarse del escarpado terreno.

El viaducto de San Bernardo de Torre de Arcas, en el extremo sur del tramo, es el que ha dado más problemas y ha provocado retrasos. Se había desplazado más de 9 centímetros al hundirse parte de los muros y pilares que lo sustentan. Tiene 300 metros de longitud y permite ahorrar 550 metros de trayecto evitando 7 curvas, algunas de ellas de más de 90 grados y sin visibilidad.

Se trata de una de las infraestructuras más espectaculares de todo el recorrido, aunque no la de mayor magnitud. En el otro extremo se encuentra el viaducto de la Val de Luna, de 800 metros. Permite evitar hasta 17 curvas, muchas de ellas de 180 grados.

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