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Teruel

Antonio Jiménez: "El mundo rural está más asistido de lo que creemos, lo que falta es orden"

La Fundación Santa María de Albarracín, de la que es gerente, se ha convertido en antídoto contra la despoblación restaurando edificios.

Antonio Jiménez, gerente de la Fundación Santa María, con el caserío de Albarracín al fondo.
Antonio Jiménez: "El mundo rural está más asistido de lo que creemos, lo que falta es orden"
Heraldo.es

Más de 30 edificios restaurados en apenas dos décadas. ¿A Albarracín le ha cambiado la cara con la Fundación Santa María?

Sin duda. El semblante físico ha cambiado. En ello insisten la mayoría de los visitantes que conocieron el Albarracín de antes. También la iniciativa privada y la municipal se han sumado a esta regeneración de la ciudad.

Pero la Fundación no partió de cero. Albarracín fue pionera en los años 60 en conservar su arquitectura tradicional.

La Fundación sembró un antes y un después en la recuperación integral del patrimonio, superando el ‘fachadismo’. Antes, los edificios se apañaban muy bien por fuera, pero el interior se valoraba menos. Nosotros volvimos a recuperar escaleras y alcobas. Ahora, los interiores pesan tanto como los exteriores. Un buen ejemplo son los numerosos hotelitos que hay en la ciudad.

¿Ha traído mas turismo a Albarracín?

Por supuesto. Albarracín siempre fue atractivo para los turistas, pero ahora es un referente. ¿Cómo si no se podrían mantener más de 1.200 plazas hoteleras en una localidad de apenas 2.000 vecinos? Antes, Albarracín vivía a caballo entre el turismo y la madera. Ahora vive por y para el turismo.

¿Cómo logran atraer cada año a sus cursos de restauración, pintura o fotografía 5.000 alumnos, más del doble de la población?

La clave es el buen hacer. Mejorar el patrimonio arquitectónico y de bienes muebles es alimentar nuestros recursos. Si además lo activamos culturalmente, logramos una imagen muy potente del lugar.

¿Es exportable la fórmula de la Fundación Santa María?

Cada territorio tiene su singularidad y debe analizar sus fortalezas para pensar en un futuro. En nuestro caso estaba claro, era el patrimonio excepcional de Albarracín, pero eso hubo que ponerlo en solfa. ¿Hay otros albarracines?, con mayor o menor potencia, sí, pero no es solo la herramienta. Puedes crear fundaciones como esta, pero hacen falta equipos con personas claves y tener ideas claras. Y aún así, otra cosa es que funcione.

¿Recomendaría la fórmula fundacional –financiación mediante patronos– como solución a la falta de emprendimiento empresarial en el medio rural?

Sí. La fundación es una herramienta necesaria que une lo público y lo privado. La suma de esfuerzos para sacar adelante territorios apoyándose en sus recursos no es nada nuevo, es una necesidad. Lo que no se puede es inventar cosas extrañas. Es la regeneración de lo nuestro de la que habla el escritor Julio Llamazares.

Con una media de 15 a 20 empleos, deben ser una de las empresas más grandes de la localidad.

Sí, lo somos junto con la residencia de ancianos. Nos hemos convertido en un antídoto contra la despoblación y somos muy envidiados por el escenario tan vivo que tenemos, en el que conviven pintores, músicos, fotógrafos, creadores, historiadores, jueces, abogados o empresarios. Un mundo realmente activo de forma casi permanente. Suena a política, pero es una realidad palpable.

¿A la Fundación le cuesta encontrar trabajadores?

Cada vez más. A veces pienso que somos un pequeño milagro, porque cuando se va una persona cuesta mucho encontrar un sustituto dispuesto a implicarse. En esta sociedad, la implicación se limita, como mucho, a 8 horas al día y eso no es suficiente para sacar adelante proyectos. Hay que sumergirse y tirar de ellos con toda la fuerza, como en la vida misma.

¿Hay reticencias de los particulares a restaurar sus casas siguiendo las estrictas normas de la arquitectura tradicional?

En Albarracín, quien lo hace mal, lo sabe. Tenemos mucho recorrido. Siempre hay suspicacias, pero todos llevamos una ejemplaridad grabada en la mente. En Albarracín se sabe restaurar.

Los pueblos de la sierra avanzan a menor ritmo. ¿Hace falta otra Fundación allí?

¡Pero si la hay! Hay una Fundación para el Desarrollo de la Sierra de Albarracín, además de una comarca, una comunidad, un espacio protegido, un parque cultural... y todos con la misma finalidad. Habría que poner orden en todo eso.

¿Hay dinero para atender el medio rural?

El mundo rural está mucho más asistido de lo que pensamos. Fondos hay, pero tendemos a ir dos por tres calles. Falta un engranaje ordenado para ir hacia donde hay que ir. En la Fundación Santa María no hay secretos ni milagros, somos una lluvia fina, el resultado de un esfuerzo continuado y gradual, corredores de fondo.

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