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Teruel

Mariano y Manolo se jubilan, pero mantienen viva la gran cesta de Calamocha

Después de 40 años al frente de un negocio que ha sido "su vida", los dos socios del restaurante Mariano de Calamocha le pasan el testigo a otro gerente que mantendrá viva la esencia del "matadero" y su cesta, famosa dentro y fuera de la Comarca del Jiloca.

De izquierda a derecha, Manolo Hernández y Mariano Sanz, del restaurante Mariano de Calamocha. Se jubilan a los 63 años.
De izquierda a derecha, Manolo Hernández y Mariano Sanz, del restaurante Mariano de Calamocha. Se jubilan a los 63 años.
P. Berné

Han pasado más de 40 años desde que Mariano Sanz se convirtiera en socio fundador del restaurante al que da nombre en Calamocha, un viejo matadero de Óscar Mayer que años después situaría a la localidad turolense en el mapa gracias a su gran cesta navideña. “Tenía 21 años cuando me decidí a cogerlo. Era soltero. Convencí a la novia para que entrara conmigo, y hasta ahora”, cuenta este hostelero.

Mari, con la que lleva 40 años casado, ha sido siempre “el eje del bar”, de la cocina en la que tantos almuerzos, comidas y cenas han preparado. Después llegaría Manolo, su socio desde hace más de 20 años. Otro hostelero de profesión con el que trabajó ya de camarero en sus tiempos mozos.

Ahora ambos se jubilan al cumplir los 63 años, y aunque no hay relevo generacional para su negocio, se han preocupado de buscar fuera a quien sea capaz de mantener la esencia de un restaurante, “el matadero”, que ha sido para ellos su segunda casa. “Estaremos juntos hasta final de año. Nos hemos quedado seis meses más para que los que estén aquí sigan la misma marcha. Nos vamos Mariano y yo, pero esto va a seguir igual, con la misma gente, las mismas lechecillas y los mismos huevos fritos con tajadas”, comentan sin descuidar un segundo la barra.

Dicen que la edad no perdona 40 años al frente del negocio, pero la clientela les ha ayudado a resistir incluso en los peores momentos, cuando se construyó la autovía Mudéjar, que les desviaría una parte importante del tráfico. “Si te metes en un negocio así e inviertes todo el dinero que tienes, más lo que debes, más lo otro, y luego te hacen la autovía… Da rabia, pero damos las gracias porque a las dos semanas ya estaban viniendo las familias, con los hijos, los chóferes y todos. A pesar de la autovía, la gente sigue entrando y saliendo a almorzar al matadero. Dejarlo nos hace duelo, pero estamos muy contentos. Para nosotros no son clientes, son amigos, y eso emociona mucho cuando llegamos a este punto”, afirma un emocionado Mariano. En su memoria guarda un montón de anécdotas que no se atreve a relatar porque tendría que sentarse y cerrar el bar para hacer un buen repaso. “Nos ha pasado de todo -comenta entre risas-. Uno nos regaló dos jamones; el otro, dos botellas de Chivas… Mucha alegría, mucha ilusión en estos años. La clientela es lo que nos ha dado la vida y la fuerza para seguir luchando. Yo creo que lo hemos hecho bien, pero nos queda dar las gracias a todos, porque ha sido gracias a vosotros”, recalca orgulloso.

“Ellos se jubilan pero ya veremos quién los manda a casa”, comenta una calamochina. Todos coinciden en que el restaurante no será lo mismo sin ellos, pero la nueva gerencia les ha prometido que esta seguirá siendo su casa. De hecho, la plantilla se ha quedado toda, y además de la carta el restaurante también mantiene el mismo horario: de 6.30 a cierre (pasadas las 00.00); sábados hasta que terminan de dar comidas y el domingo cerrado por descanso. “Se siente una gran responsabilidad porque es un negocio que requiere dedicación, pero se intentará llevarlo igual de bien”, explica José Esteban Enguita, encargado de seguir con el restaurante Mariano.

Manolo, por su parte, reconoce que también le da “pena” dejarlo después de tantos años, aunque tienen pensado volver y pegarse buenos almuerzos al otro lado de la barra. “Jubilarte te hace duelo porque día tras día vienes pronto al negocio. Te vas tarde por la noche... Y en vez de clientes tienes amigos. A ellos también les fastidia porque nos dicen: ‘¡cómo nos vais a dejar aquí solos!’. Al final llega un momento en la vida en que tienes que dejarlo. Nos vamos a jubilar los dos y por eso está aquí José, que tiene que seguir la marchica igual que nosotros”, señala Manolo, que ha hecho 20 años al frente del negocio.

“Estos llevan de pie más horas que nosotros en toda nuestra vida”, dice otra clienta, que les desea “salud” y un merecido descanso.

Manolo y Mariano se muestran igual de contentos con la clientela que con los nuevos dueños. Saben que lo más emblemático de su carta, “los huevecicos fritos con tajadas” que llenan el restaurante los sábados, van a seguir estando. Y también el cabritillo al ajillo, el chuletón, el solomillo de ternera especial y otros muchos platos que Mari ha sabido enseñar.

“La cocina la vamos a mantener en la misma línea, respetándola. Haremos alguna cosilla nueva, pero lo demás será igual”, aventura José, quien se encargará también este año de mantener viva la tradición navideña más famosa de este bar. “La cesta va a seguir siendo la cesta de Mariano y Manolo”, comentan.

A los ganadores de 2018, Mariano y Manolo les desean una “suerte grande”. Y por todas las llamadas y mensajes recibidos hasta la fecha, creen que la clientela va a seguir dando el ‘do’ este año. “Ya nos están dando mucha guerra, pero lo que queremos es eso. Hay alguna que otra sorpresa preparada y solo queremos dar un poco de alegría al que le toque”, concluyen ilusionados.

Mariano y Manolo se jubilan, pero mantinen viva la cesta de Calamocha


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