Teruel

Con 2,8 vecinos por km2, los Montes Universales rivalizan con Mongolia, el país más despoblado

Un estudio de la evolución demográfica de 2014 a 2017 en 131 pueblos situados en la confluencia de Teruel, Cuenca y Guadalajara detecta un retroceso global del 6,7%.

Una calle de Toril y Masegoso, localidad enclavada en los Montes Universales.
Antonio García/Bykofoto

Los Montes Universales, una comarca a caballo de las provincias de Teruel, Cuenca y Guadalajara, sigue perdiendo población a pesar de ser una de las áreas más despobladas del país. Según un reciente estudio sobre la evolución de 131 pueblos situados en esta zona, en los últimos tres años el número de residentes ha caído de 27.842 a 25.972, un 6,7%. La densidad media ha pasado de 3 habitantes por kilómetro cuadrado en 2014 a los 2,8 actuales, un indicador que se acerca al del país más despoblado del mundo, Mongolia, con 2 residentes por kilómetro cuadrado. La media turolense es de 9 habitantes, la aragonesa de 28 y la española de 92.

El estudio realizado por el investigador José María García publicado en su web ‘Pura Sierra’ sobre la evolución poblacional entre 2014 y 2017 revela que, tras el último censo, entre los 131 municipios de los Montes Universales hay 32 con una densidad inferior a un habitante por kilómetro cuadrado, de los cuales tres corresponden a la provincia de Teruel: Pozondón, Saldón y Toril y Masegoso. Más de la mitad del total, 72, tienen una densidad inferior a los dos habitantes por kilómetro cuadrado y 8 son turolenses.

El informe aporta un dato alentador para la porción turolense, porque es la menos castigada por el desplome demográfico. Mientras que en la Sierra de Albarracín la caída en el último trienio es del 4,4%, en las comarcas del Señorío de Molina y la Serranía de Cuenca –las zonas analizadas correspondientes a Guadalajara y Cuenca– el retroceso fue del 7,2%. Ninguno de los 12 pueblos que han perdido más del 20% de sus efectivos en el último trienio corresponde a Teruel.

En cifras absolutas, las tres poblaciones más castigadas –con recortes superiores a 100 habitantes– están fuera de la sierra de Albarracín: Molina de Aragón en Guadalajara y Landete y Priego en Cuenca.

También hay otro indicador esperanzador. De los 15 «heroicos» municipios que ganaron residentes, 5 corresponden a la provincia turolense: Griegos, Bronchales, Torres de Albarracín, Rubiales y Terriente. Suponen un tercio de los ganadores, aunque Teruel solo supone una quinta parte del total analizado.

Pero García llama a la cautela sobre la solidez de los crecimientos, porque pueden ser «flor de un día». Ninguno de los 131 pueblos analizados ha ganado población alargando la comparación al periodo 2013-2017. A juicio del investigador, «no se observa consistencia» en ninguno de los escasos repuntes.

José María García señala que a pesar de compartir un marco geográfico similar, la evolución demográfica es más preocupante en las vertientes conquense y alcarreña. A su juicio, la «zona cero» de la despoblación en los Montes Universales es la serranía alta de Cuenca, con una densidad de 1,4 habitantes por kilómetro cuadrado.

García señala que el mejor comportamiento de la parte turolense responde a un mayor «dinamismo» en todos los campos respecto a las tierras colindantes de Cuenca y Guadalajara. Señala que la existencia de un organismo administrativo que engloba a la porción de los Montes Universales de Teruel –la comarca de la Sierra de Albarracín– es una de las claves que marcan la diferencia.

Albarracín cae, pero menos

El autor del estudio señala que los pueblos de Teruel están «más organizados y son más prósperos» que sus vecinos castellanomanchegos. «En localidades como Bronchales o Griegos hay más vida y más alegría, mientras que la Serranía de Cuenca y el Señorío de Molina están muertos y solo recobran vitalidad en verano». Aunque considera que es una valoración «subjetiva», cree que contar con una estructura institucional atrae más apoyo de la Administración a los pueblos turolenses, aunque tampoco se libran de la «imparable» tendencia demográfica a la baja.

El investigador advierte, no obstante, de que la situación «es peor de la que los datos oficiales muestran», porque buena parte de los empadronados solo reside en los pueblos una temporada al año. Añade que «la edad media muy avanzada» de los censados augura que la «decadencia» demográfica va a continuar.

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