Teruel
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La tradición medieval del Seisado sale a la calle rejuvenecida, seis siglos después de su creación

Seis jóvenes matrimonios forman parte  de la secular institución que se renueva cada año. El acto consistió en la entrega de medallas y la posterior procesión de Santa Emerenciana.

Los jóvenes matrimonios que integran el Seisado a su paso por la plaza del Torico.
Los jóvenes matrimonios que integran el Seisado a su paso por la plaza del Torico.
Jorge Escudero

Seis jóvenes matrimonios, arropados por familiares y autoridades, rememoraron ayer la secular tradición del Seisado, una institución que se ha mantenido a los largo de los siglos no sin ciertos altibajos, pero siempre ligada a Santa Emerenciana, la patrona de la ciudad. La entrega de medallas de la santa es desde hace una década uno de los actos más solemnes de las fiestas turolenses, y cada año recibe un nuevo impulso con el ánimo de rejuvenecer la ceremonia. El Ayuntamiento decidió trasladar la celebración del 23 de enero, cuando se cumple la onomástica de la mártir, a la Vaquilla con la intención de dar mayor realce a este acontecimiento social y religioso y contribuir a su preservación.

El consejo del Seisado estuvo presidido ayer por el concejal popular Juan Carlos Cruzado –que actuó como regidor por segundo año consecutivo por ser el edil que más recientemente ha contraído matrimonio– y su esposa Marta Álvarez. Las cinco parejas restantes, integradas por turolenses que, según marca la tradición, se han desposado por el rito católico en el último año, deberán estar listas durante los próximos doce meses para, junto al regidor, dirigir la ciudad en caso de que esta quedara sin alcalde como consecuencia de una grave catástrofe. Los historiadores coinciden al afirmar que la institución, creada en 1487, nunca ha tenido que intervenir.

El acto, que precedió a la procesión por las calles de Teruel con la la talla de Santa Emerenciana como protagonista, ha ganado enteros en los últimos años, si bien sigue siendo uno de los eventos festivos más desconocidos por el gran público. Juan Carlos Cruzado destacó el esfuerzo del Ayuntamiento por dar "un mayor realce" al acto, pero reconoció que todavía sigue siendo ignorado por una gran parte de la población. "Tengo que decir, sin embargo, que desde al año 2000 hasta ahora ha experimentado una notable evolución, al darle un mayor reconocimiento desde las instituciones", manifestó el edil. Francisco Gómez, jefe del Seisado desde 1989, dejó constancia de la revitalización que este mini-consejo ancestral está adquiriendo al revelar que cada año crece la demanda de jóvenes matrimonios. "Lo principal –apuntó– es que la gente quiera participar para que esta actividad no se pierda".

Los matrimonios recibieron las medallas de Santa Emerenciana en el claustro del Obispado, con la presencia este año de destacadas personalidades, entre ellas, el delegado del Gobierno en Aragón, Gustavo Alcalde; el Hijo Predilecto de la Ciudad, académico, jurista, presidente de honor de Ibercaja y consejero de HERALDO, Manuel Pizarro; la expresidenta del Gobierno de Navarra, Yolanda Barcina y el obispo turolense, Antonio Gómez Cantero, entre otros. Las parejas se mostraban afortunadas de participar en el evento, como Mapi Maícas e Iván Traid, que afirmaban sentirse "orgullosos de representar a la ciudad". Agustín Gragero y Sara Domingo reconocían que, si bien ya conocían la procesión de Santa Emerenciana, habían decidido ser miembros del Seisado por recomendación de un familiar. "Es una pena que tradiciones así se puedan llegar a perder", lamentaba Iván.

Maceros y alguacilillos

Tras la entrega de medallas a cuatro maceros y alguacilillos que llevan más de 40 años desempeñando esta profesión, la alcaldesa turolense, Emma Buj, recordó su experiencia como regidora del Seisado durante varios años, en su etapa como concejala en diferentes legislaturas. "Cada nueva convocatoria era para mí un nuevo orgullo", reconocía, tras destacar la importancia de que la gente joven "se implique en esta manifestación cultural".

La ceremonia concluyó con una misa en la catedral y una procesión por las calles del Centro Histórico, con la imagen de Santa Emerenciana portada por 17 peaneros.

Poco antes de los oficios religiosos, Manuel Pizarro confesaba que nunca había estado presente en la entrega de las medallas al Seisado. "Cuando éramos jóvenes este acto no tenía el realce que se le ha dado ahora", explicaba, tras asegurar que piensa volver para los días grandes de la Vaquilla. "Alguna vez me he perdido la fiesta –comentaba– y son vaquillas tristes las que se viven desde lejos".

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