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Teruel
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Solo un tercio de la zona de arbolado que ardió en el Maestrazgo hace 22 años se ha regenerado

Las zonas de encinas y carrascas se recuperan bien, pero las de pino laricio siguen peladas. Los expertos señalan que harán falta decenios para que el bosque recobre su aspecto anterior.

Manchas de pinar joven y zonas peladas en Castellote en foto aérea.
Manchas de pinar joven y zonas peladas en Castellote en foto aérea.
Heraldo.es

Los bosques que el fuego destruye en unas pocas horas pueden tardar décadas y hasta siglos en recuperar su aspecto anterior. Así está ocurriendo en el Maestrazgo, cuyos montes fueron pasto de las llamas en 1994 en el peor incendio forestal de toda la historia de la provincia de Teruel. Veintidós años después de aquella tragedia medioambiental, solamente un tercio de la zona de arbolado se ha regenerado.

Como explica Fernando Lapesa, jefe de sección de Incendios en Teruel del Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad del Gobierno aragonés, las 18.000 hectáreas que ardieron en Teruel –en la parte limítrofe de Castellón se quemaron otras tantas– se recuperan de forma desigual. Mientras las zonas de carrascas y encinas –especialmente en las umbrías– experimentan una buena regeneración y ya hay algunos árboles de hasta cinco metros de altura, los terrenos altos de Villarluengo, antes poblados de pino laricio, están pelados y solo hay algunos matorrales. Las semillas de esta última especie arbórea no tienen la potencia de reproducción que otras tras un fuego y serán necesarios muchos más años para que el suelo se colonice de pinos.

"Se trata, todavía, de un monte en recuperación", señala Lapesa, quien puntualiza, no obstante y como dato más positivo, que las zonas de matorral han tenido un proceso más sencillo y ya se han regenerado por completo.

Las llamas, a 500 metros

El alcalde de Tronchón, Roberto Rabaza, tenía 6 años cuando fue evacuado junto a sus abuelos y hermanos a un hotel de Cantavieja ante la cercanía de las llamas al pueblo, a 500 metros de distancia. El fuego dejó sin pastos a los rebaños y los ganaderos, entre ellos su padre, tuvieron que recibir ayudas para sobrevivir. "El incendio fue una pena y lo pasamos todos muy mal. Las llamas corrían más que un coche y todo el mundo en el pueblo lloraba", recuerda.

La preocupación de los vecinos de Tronchón se centra ahora, precisamente, en la espesura que ha adquirido el manto de matorral que cubre el paisaje. Rabaza reclama que se realicen cortafuegos y clareos de vegetación en el monte "para evitar un nuevo incendio". "Todo está demasiado salvaje", dice.

Lo que sí volvió muy pronto al Maestrazgo fue la fauna. Cabras monteses, corzos, jabalíes, zorros o garduñas huyeron por el fuego pero regresaron una vez apagado y siguen trotando por el monte. Como explica Lapesa, la escasez de arbolado propició la expansión de la cabra montés desde los Puertos de Beceite al Maestrazgo, al ser una especie que prefiere vivir en terrenos despejados.

Nada más consumarse el desastre natural, la DGA puso en marcha actuaciones para ayudar a la regeneración de la zona. Desde 1994 a 2006 se invirtieron casi ocho millones de euros. Se construyeron diques, muros de contención y fajinas para evitar la erosión del terreno y mantener la humedad que precisan las semillas para germinar. Se hicieron repoblaciones de árboles, clareos y tratamientos silvícolas y se instalaron balsas de agua diseminadas por la zona para su uso en este proceso de regeneración del bosque. Además, se mejoraron los caminos de acceso.

A juicio de Lapesa, es "difícil" saber cuánto tiempo será necesario para que el Maestrazgo tenga un aspecto similar al que tenía antes del 1 de julio de 1994, cuando el bosque fue pasto de las llamas. "Harán falta varios decenios, 50 o 60 años tal vez", puntualizó.

No han tenido mejor suerte los montes cercanos de Aliaga y Ejulve, que ardieron en 2009 en el incendio de mayores dimensiones de España de ese año y que esta misma semana han vuelto a sufrir el castigo del fuego. La abundancia de pino laricio y silvestre –difíciles de regenerar– y la escasez de carrasco –con mejor pronóstico– hacen prever que serán necesarios "siglos" para que el bosque recupere la vegetación que tuvo antaño. "Será complicado que esa zona se regenere por sí sola", asegura Fernando Lapesa. Según explica el experto, el fuego no dejó bancos de semillas y habrá que recurrir a la repoblación forestal si queremos ver de nuevo pinos en esas montañas turolenses.

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