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Estudiantes denuncian el robo de unos 30 abrigos en una fiesta de fin de carrera

Un grupo de jóvenes afectados acudió ayer a la comisaría de Policía para denunciar lo ocurrido de madrugada.

Algunos de los denunciantes, en la puerta de la Comisaría, tras presentar la reclamación.
Estudiantes denuncian el robo de unos 30 abrigos en una fiesta de fin de carrera
JORGE ESCUDERO

En mangas de camisa los chicos y de tirantes las chicas. Y a cuatro grados bajo cero en el exterior. Así regresaron a sus casas en la madrugada de ayer una treintena de jóvenes de entre 19 y 20 años que al términar la fiesta de fin de carrera de Magisterio a la que habían asistido no encontraron sus prendas de abrigo en el guardarropa.

La celebración, a la que asistieron de 200 a 300 personas, tuvo lugar en el restaurante El Milagro, a las afueras de Teruel. Ante la confusión del momento, algunos de los invitados prefirieron olvidarse de la ropa y no perder el autobús contratado para volver a la ciudad, pero quienes se quedaron pidiendo una solución tuvieron que llamar más tarde a sus familiares o amigos para que fueran a buscarlos en coche. Unas seis personas fueron trasladadas en una furgoneta de la empresa hostelera.

A primera hora de la tarde de ayer, un grupo de jóvenes afectados acudieron a la Comisaría de la Policía Nacional para denunciar lo ocurrido. «Eran prendas caras, propias de una fiesta, y no queremos que el asunto caiga en el olvido», manifestó uno de los denunciantes, que prefirió no dar su nombre. En su caso, perdió un chaquetón y una americana que valora en 300 euros. Junto a él, una muchacha explicó que se había quedado sin su abrigo, que le costó 80 euros. Una tercera joven dijo que además del abrigo no encontró ni su bufanda ni sus botines de tacón, depositados estos últimos también en el guardarropa con el fin de ponerse unos zapatos planos que le permitieran moverse mejor.

Dos de los denunciantes explicaron que cuando en los últimos instantes de la fiesta -sobre las 7.00- acudieron al guardarropa con el tique correspondiente para retirar sus abrigos, «las perchas estaban vacías y los encargados nos decían que allí ya no quedaba más ropa». Una joven, Sandra Guillamón, relató que al ir a recoger su abrigo un rato antes de que lo hicieran estos compañeros se encontró con una avalancha de gente que pretendía hacer lo mismo y que cogía las prendas sin control. «El empleado me dijo que hiciera lo que quisiera porque él no podía dominar la situación», añadió la muchacha.

Ante el barullo, los estudiantes llamaron a la Policía Local y a la Nacional. Efectivos de ambos cuerpos de seguridad se personaron en el lugar y aconsejaron a los afectados que interpusieran la correspondiente denuncia, según afirmaron los denunciantes.

A la salida de la Comisaría, estos jóvenes coincidían en opinar que lo ocurrido no era fruto solo de una confusión. A su juicio, «uno puede equivocarse de cazadora y coger otra que no es la suya, ¿pero treinta?», señaló extrañada otra joven, Adela Moliner. Indignados, subrayaban que ellos no tenían ninguna culpa de que les hubieran «robado» en una fiesta y reclamaban que alguien se hiciera cargo del asunto.

El responsable del restaurante El Milagro, Pedro Tortajada, no ocultó ayer el disgusto que se había llevado por lo sucedido. «Llevamos ocho años celebrando la fiesta de Magisterio y nunca había pasado nada», lamentó. «Nosotros nos ocupamos de la cena y, por cortesía, les guardamos la ropa. No tenemos ninguna culpa ni hemos hecho nada malo», agregó.

La fiesta era para los estudiantes de Magisterio, pero, pasada la cena, podían acudir a la discomóvil los amigos de estos que lo desearan. Por este motivo, el número de asistentes a la celebración se duplicó. La mayoría de los universitarios partieron, tras la fiesta, al viaje de fin de carrera, cuyo destino era Punta Cana, en la República Dominicana.

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