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Los vecinos de Monreal recuperan por unos días la tradición más ancestral del azafrán

Los productores y el Ayuntamiento organizan unas jornadas para fomentar el cultivo de esta especia.

Un grupo de participantes en las jornadas esbrizna las flores recogidas en el campo.
Los vecinos de Monreal recuperan por unos días la tradición más ancestral del azafrán
JORGE ESCUDERO

El viento gélido no impidió el pasado fin de semana que un grupo de medio centenar de personas de todas las edades regresaran en Monreal del Campo a la tradición más ancestral de la recolección del azafrán. El Ayuntamiento de la localidad turolense y la Asociación de Productores del Azafrán del Jiloca, AZAJI, organizó -y también lo harán el próximo fin de semana- unas jornadas con salidas al campo para poner en práctica las labores más básicas de este cultivo, actualmente en vías de extinción.

Los dos organismos llevan siete años promoviendo diversas actividades para que las jóvenes generaciones conozcan un producto que supuso hasta hace treinta años una importante fuente de riqueza para numerosas familias de todos los pueblos de la comarca del Jiloca. Pero también pretenden rescatar el cultivo del azafrán como un recurso interesante para la maltrecha economía de la comarca.

En unos 1.500 metros cuadrados de un terreno municipal, en el que el Ayuntamiento planta bulbos cada año para ponerlos a disposición de los organizadores de las jornadas, se puso de manifiesto ayer una vez más la dureza que rodea el proceso agrícola de la apreciada especia. Los participantes en las jornadas se trasladaron al campo antes de la salida del sol, con objeto de que la flor del azafrán no se cerrara y resultara más cómoda su recolección, y, posteriormente, se dedicaron a esbriznar -retirar uno a uno los delicados pistilos de la flor-.

"Esto ahora es un hobby -decía Juan Carlos Torrijo, uno de los participantes- nada que ver con las intensas jornadas de trabajo que dedicábamos al azafrán cuando yo era pequeño. En mi casa teníamos 2 hectáreas cultivadas, así que había rosa en pasillos y en casi todos los cuartos de la casa". Es el segundo año que participa en esta iniciativa y lo hace, sobre todo, por el interés que ha despertado en su pequeña hija Ana.

La actividad, a pesar del clima desapacible, se vivió como una fiesta. Después de recoger las flores malvas, un buen almuerzo hizo recuperar las fuerzas de los presentes.

"No hemos podido recoger mucha rosa, porque la lluvia de estos últimos días he provocado que se abran con más retraso", explicaba Mari Fuertes, responsable del área de Cultura del Ayuntamiento de Monreal del Campo.

Recuperar el cultivo

Las jornadas culturales, que coinciden con la época de la cosecha del azafrán, forman parte de las acciones promovidas desde el Ayuntamiento y AZAJI para recuperar el cultivo. La Asociación, que cuenta actualmente con 17 socios, ha logrado reintegrar la plantación en 6 hectáreas. Una ínfima parte, si se tiene en cuenta que en los años ochenta del siglo pasado había más de mil hectáreas dedicadas a este bulbo en la comarca del Jiloca. Pero para AZAJI es solo un primer paso para lograr que se contemple este cultivo, que se encontraba prácticamente desaparecido, como un recurso económico de primer orden. De hecho, su precio alcanzado el año pasado se situó entre los 2.500 y 2.600 euros el kilo.

Uno de los objetivos de las jornadas consiste, según indica Mari Fuertes, en poner las bases para fomentar entre los más jóvenes la cultura del azafrán. Con esta finalidad, durante toda esta semana se organizarán salidas al campo con escolares de Monreal, del Criet de Albarracín y de la Asociación de Disminuidos, ATADI. Se han programado, asimismo, representaciones teatrales infantiles y, a partir del jueves, demostraciones culinarias con el azafrán como ingrediente principal.

La representante del área cultural del Ayuntamiento es consciente de que los más pequeños no han estado empadados de la tradición del azafrán. "Al recolectar, rompen los pétalos de las flores porque tiran de ellas con fuera y destrozan los pistilos, pero ponen empeño y les atrae la experiencia y eso es lo importante", dice Fuertes.

En la jornada también participaron personas de otras provincias, como Mauricio Rosell, quien junto con su esposa se trasladó desde Valencia a Monreal del Campo. "Mi abuela, de Torrijo, nos contaba continuamente historias sobre el azafrán, así que siempre habíamos tenido la cursiosidad de vivirlas en directo", explica Carmen Lacasa, la mujer de Mauricio. "Nos ha gustado tanto -añadía- que el año que viene repetiremos".

Fuente de riqueza

Durante una semana Monreal revive todo el proceso de un cultivo que en su época de máximo esplendor se desarrollaba en veinte días. "Se vivía todo de forma intensa. Hay que tener en cuenta que el esbriznado, por ejemplo, se tenía que realizar en 24 horas, porque de lo contrario la flor se estropeaba", explicaba Juan Carlos Torrijo. "Era un cultivo de mucha esclavitud y sacrificio, pero una buena parte de tractores, casas y tierras de los pueblos se compraron con azafrán", concluyó.

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