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PATRIMONIO

La reforma de la muralla de Albarracín obliga a instalar un andamio sobre el cañón del río

La Fundación Santa María acomete los trabajos en un tramo del recinto muy deteriorado por la humedad. El lienzo se encuentra en la zona que bordea el meandro del Guadalaviar.

Un operario accede al andamio sobre el río. Al fondo, la catedral.
La reforma de la muralla de Albarracín obliga a instalar un andamio sobre el cañón del río
JAVIER ESCRICHE

Los trabajos de restauración de un tramo de la muralla de Albarracín han obligado a instalar un complicado andamio, que se encuentra suspendido sobre el cañón del río Guadalaviar, en la zona de la fachada posterior de la catedral.

La preparación de esta estructura, desde la que trabajan los operarios, ha sido más compleja que la propia intervención, según reconocía el gerente de la Fundación Santa María -entidad que ejecuta el proyecto-, Antonio Jiménez. De hecho, ha habido que diseñar un armazón capaz de estar prendido sobre la garganta del río, que presenta un desnivel de más de ochenta metros de altura. "Dadas las características del entorno, se ha tenido que preparar minuciosamente el aspecto relativo a los sistemas de seguridad", explicaba el gerente de la Fundación, para quien los operarios han tenido que trabajar "prácticamente colgados sobre la garganta del río".

Los trabajos de la primera fase, que han concluido esta semana, se han desarrollado a buen ritmo, lo que ha permitido cumplir los plazos previstos.

El tramo de muralla restaurado, que forma parte del recinto primitivo de época islámica y bordea el perímetro del Casco Antiguo sobre el meandro del Guadalaviar, no es excesivamente grande, mide nueve metros de ancho por quince de alto, pero su grave estado de deterioro había provocado algún desprendimiento de sillares, por lo que urgía su recuperación. Entre las juntas de las piedras crecía una maraña de vegetación trepadora que, según Antonio Jiménez, "permitía sujetar el muro. De lo contrario, se hubiera desplomado por completo".

La intervención ha consistido en el saneamiento del lienzo y la restitución de los sillares perdidos, así como la impermeabilización del tramo de muralla. Inmediatamente, comenzarán las obras para resolver el problema principal, que se deriva de la humedad. Antonio Jiménez explicó que esa parte del recinto amurallado se ha convertido en un muro de contención de las aguas pluviales, por lo que "hay que drenar la Ronda del Castillo y su conexión con la plaza de la Seo".

Antonio Jiménez confía en poder acometer en 2011 una nueva actuación en un gran tramo de la muralla en la zona trasera del parquin municipal que desemboca en la Torre Blanca. Las raíces de los árboles y los setos plantados en épocas recientes en el entorno han provocado la desestabilización de las piedras que también amenazan con desprenderse.

Intervención en el pórtico

La Fundación Santa María emprenderá simultáneamente la restauración de los arcos y del pórtico de entrada del Palacio Episcopal, elementos que presentan un estado de gran deterioro.

Las humedades y, sobre todo los hielos de los inviernos extremos que padece la zona, han provocado grandes grietas y "el desgajamiento de la caliza en la que están tallados los arcos", señalaba Antonio Jiménez. Agregó que este proceso "ha ido alterando los fustes del doble arco de la entrada".

Para la recuperación de estas piezas arquitectónicas, se ha tenido que recurrir a uno de los pocos especialistas en el tratamiento de piedra que existen en España, el profesor Josep Gisbert. La eliminación de los cristales acumulados en las calizas, así como la reposición de los volúmenes perdidos, son algunas de las soluciones planteadas. La financiación de ambos proyectos, con 90.000 euros, ha corrido a cargo del Departamento de Patrimonio de la DGA.

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