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Teruel

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Una catarsis regada con calimocho

Por primera vez, un chico y una chica pusieron el pañuelo al ToricoMiles de visitantes de Valencia y Zaragoza se sumaron a la fiestaDesde los balcones arrojaron agua a los vaquilleros para mitigar el calor

Raquel Játiva y Joaquín Guillén, dos socios de la peña El Chasco, tras anudar el pañuelico al cuello del Torico, un gesto que desató la euforia del público que atestaba la plaza.
Una catarsis regada con calimocho
a. garcía

teruel. La Vaquilla estalló. Unas diez mil personas se congregaron ayer en la plaza del Torico y su entorno para dar el pistoletazo de salida a las fiestas que transforman Teruel de ciudad tranquila en un hervidero de gente ávida de fiesta. La señal para iniciar la catarsis la dieron dos socios de la peña El Chasco, que tuvieron el privilegio de anudar el pañuelo rojo al cuello de la escultura que simboliza a toda la ciudad. Raquel Játiva y Joaquín Guillén treparon sobre la torre humana construida por sus compañeros de peña, y, al verlos en lo más alto de la columna, el público que abarrotaba la plaza prorrumpió en gritos de euforia, empezó a botar y a agitar sobre sus cabezas todo tipo de brebajes alcohólicos. Aunque aterrizaron sobre las cabezas de los presentes, nadie se molestó por ello, sino al contrario, pareció agradecer el gesto.

Raquel, muy emocionada tras poner el pañuelo al Torico, recordó que "al ver desde arriba a toda la gente chillando y con los brazos en alto dan ganas de gritar y de dar gracias por este momento". La peñista agradeció la labor de sus compañeros que la auparon hasta la altura del Torico. "Lo han hecho muy bien. No he tenido miedo en ningún momento", concluyó. Su compañero de 'hazaña', Joaquín, se mostró conmovido mientras recibía las felicitaciones de otros peñistas de El Chasco. Afirmó que fue muy sencillo alcanzar su meta en la cúspide de la fuente del Torico. "¡He volado, he volado!", se limitaba a balbucear.

Entre los presentes, miles de visitantes, sobre todo de la Comunidad Valenciana y de Aragón. Para Carolina, de Valencia, era su tercer año en "el chupinazo" -como ella lo llamó-, un acto que le gusta porque "la gente se tira bebidas y agua por encima". Además, acude a la Vaquilla porque "los bares sacan la música a la calle y hay mucho ambiente".

Vanesa llegó de Calatayud. Participa en el pañuelico desde los 18 años -ahora tiene 26-. Explicó que las fiestas de San Roque "son muy parecidas a las de Teruel, y hay mucha relación entre las peñas de las dos poblaciones. Algunas hasta están hermanadas". La bilbilitana disfrutó del pañuelico en compañía de una 'embajada' aragonesa, de la que formaban parte jóvenes de Tarazona y Ejea, entre otras poblaciones.

De mucho más lejos vino Rocío, una joven de Huelva que en su segundo pañuelico, resalta el gran ambiente y la permisividad de este acto. "Puedes hacer todo lo que quieras, aunque -luego matiza-, dentro de un orden, sin que nadie se moleste por ello".

El calor animó a los vaquilleros a reiterar las conocidas peticiones de "¡agua, agua!" a los vecinos que se asomaban a los balcones de la plaza. También se corearon rimas más trabajadas como "¡no seas rata, que el agua va barata!". Aunque el cántico que resumía el ánimo de los presentes fue, sin duda: "Alcohol, alcohol, alcohol, hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual".

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