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Opinión

Canto a Teruel

06/05/2018 a las 05:00
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Concentración reivindicativa de Teruel Existe en Bruselas el 28 de noviembre de 2001. Teruel Existe llevó sus reivindicaciones hasta Bruselas para trasladar los problemas de la provincia a las instituciones europeas.Antonio García

Félix Romeo, que se fue en 2011 para quedarse para siempre en la memoria y en los vientos, decía que José  Antonio Labordeta cambió tras vivir en Teruel: en la ciudad mudéjar, en las aulas rebeldes y en los viajes a lo largo y ancho de esa tierra sin mar forjó su destino de trovador de la tribu con bigote brusco y libertario. Eloy Fernández Clemente ya era turolense de nacimiento, andorrano e hijo de maestros, y conocía la ensortijada sombra de la olivera y los miradores altivos de Alloza. A Miguel Mena también lo cambió Teruel, en esos viajes que hizo en bicicleta en 1991 y en 2016, pero también en tantos y tantos desplazamientos con la radio a cuestas y el oído enamorado. Teruel ha transformado a mucha gente porque es un territorio impresionante, de todos los paisajes y todos los enigmas, que combate a diario contra el olvido con una terquedad conmovedora.

Antes de que nuestros contemporáneos, que piden trenes en condiciones, justicia y cariño, elevasen al cielo el grito de su descontento y salieran a las calles, e incluso hallasen un eslogan preciso como ‘Teruel existe’, algunos otros vieron las posibilidades de la provincia y sus paradojas: pensemos en los autores del 98, en Baroja y Ciro Bayo, en Perucho y Manuel Vicent, en el montaraz Ramón Cabrera, pero también en Robert Capa, André Malraux o Ernest Hemingway.

Teruel, a cualquier hora, parece el paraíso de la melancolía, el paisaje metafísico, pero también el planeta vivo de los cielos límpidos de cristal, esos que surca el buitre con su elegancia libre. Teruel es un arsenal de tesoros, y parece que le falta casi todo, como si nuestras instituciones o el Gobierno central una y otra vez lo condenasen al desamparo. Teruel despliega ante nuestros ojos el asombro constante y el tiempo detenido. Otro amante de Teruel como Alfredo Castellón –mañana se presenta su libro póstumo, ‘Escombros selectos’, en la Biblioteca de Aragón– solía decir: "¡Cómo me gusta Albarracín! Es el jardín de piedra de Teruel que siempre mira al futuro". Este domingo, muchos saldrán a la calle a defenderlo y junto a la voz de Luis Alegre –el narrador de infancias en Lechago y Calamocha, el hijo del campesino que leía ‘Madame Bovary’– se oirá el timbre de una turolense que contagia claridad, compromiso y amor a la raíz: Concha Hernández, la voz de la Isabel de Segura más insomne.





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