Aragón

FINAL DEL RAMADÁN

Miles de musulmanes rompen el ayuno y celebran el fin del mes del Ramadán

En Zaragoza se convocó una multitudinaria reunión en uno de los aparcamientos de la Expo

Las mujeres y los niños ocuparon desde primera hora el fondo del aparcamiento.
Miles de musulmanes rompen el ayuno y celebran el fin del mes del Ramadán
CARLOS MONCÍN

La mañana, desapacible, no hacía presagiar que comenzaba uno de los días grandes para los aproximadamente 35.000 musulmanes que viven en Aragón. Hasta la tarde del día anterior, la comunidad islámica había estudiado cuándo se celebraría el fin del mes del ayuno, el Ramadán.Finalmente, la luna, como siempre, determinó que sería ayer.

 

En Zaragoza, antes de las nueve de la mañana ya eran centenares de familias las que recorrían la avenida de Ranillas rumbo al aparcamiento norte de la Expo, donde este año se había convocado la fiesta del Id al Fitr. Los padres iban cargados con las alfombras que colocarían para el rezo y, los niños, a pesar del madrugón, marchaban ilusionados. "Hoy nos dan regalos", comentaban algunos muy contentos.

 

El fin del mes del Ramadán (el noveno del año lunar para los musulmanes) no solo supone una vuelta a la rutina. Durante este tiempo, la comunidad islámica se ha abstenido de comer, beber o mantener relaciones sexuales durante el día. Ha sido un tiempo dedicado a la reflexión sobre sus valores religiosos y la purificación del cuerpo y del alma.

 

"Pero hoy llegamos ya después de desayunar, con café y todo", comentaba ayer Karima Arab, una de las fieles que, acompañada de su marido y sus tres hijos acudía al acto visiblemente contenta.

Ella y los niños (dos chicas y un pequeño) se colocaron en el final del aparcamiento, el lugar destinado a las mujeres. Su marido, junto al resto de los hombres y los niños un poco más mayores, pasaban a las filas delanteras.

 

Alrededor de las diez de la mañana, la caravana de coches que querían acceder al recinto no paraba de aumentar e incluso llegó algún autobús fletado por los interesados. "A las once pasará a recogernos para que después vayamos a celebrar el día a casa", decía uno de los viajeros.

Y es que la comida del fin del Ramadán es especial, parecida, por ejemplo, a la Nochebuena en muchos hogares cristianos. Durante esta jornada del Id al Fitr es también una costumbre dar regalos a los más pequeños y reunirse con los amigos y la familia.

Piden un terreno

No obstante, los fieles no olvidaron sus reivindicaciones a pesar de tratarse de un día festivo. Una familia marroquí se preguntaba cuándo el Gobierno de Aragón ayudará a la comunidad islámica a adquirir un terreno en el que edificar, por ejemplo, una gran mezquita.

 

"Traemos las alfombras porque el suelo del aparcamiento no es, desde luego, el mejor para celebrar este rito y pensamos que ya es hora de que las autoridades nos escuchen. Hoy hace frío, podía haber llovido y en Aragón hay más de 30.000 fieles. ¿No es justo que tengan un sitio adecuado para reunirse?", aseguraba el padre de Adnan, de 5 años.

También se quejaba otra pareja, porque ella está embarazada, e iban cargados de almohadas para hacerle el rato un poco más cómodo, ya que debían sentarse en el asfalto.

 

No todos eran fieles de origen inmigrante. También algunos aragoneses se han convertido a esta religión en los últimos años, y sus reivindicaciones son las mismas. Marián -que cambió su antiguo nombre, Pilar, hace 16 años, cuando pasó a profesar la fe islámica-, y Leila explicaban en qué consistía el acto religioso.

 

"Todo dura entre 45 minutos y una hora. Primero hay un sermón y después se celebran dos postraciones. Cuando termina, nos felicitamos y vamos ya a casa a celebrarlo", insistía Leila.

 

Ambas coincidían en que sería necesario tener este espacio común y dedicarlo no solo a la celebración de las fiestas, sino también a hacer una escuela en la que, entre otras cosas, se pudiera estudiar árabe o las tradiciones.

 

El presidente de la Unión de Comunidades Islámicas (Ucide) en Aragón, Fawaz Nahhas, insiste siempre que puede en esta reivindicación. Solo en la ciudad de Zaragoza hay diez mezquitas, pero la mayoría son locales alquilados, por los que la comunidad islámica paga alquileres que les suponen al mes entre 12.000 y 15.000 euros.

 

La idea sería poder acceder a un solar de entre 3.000 ó 4.000 metros cuadrados para dar servicio a semejante número de fieles. Pero claro, reclaman que se les ceda, porque no tienen fondos para poder comprarlo.

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