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PRISIONES

Los controles de la Expo y los traslados desde la costa llevan a un récord de presos en Zuera

El número de internos ha aumentado en 200 en lo que va de año, y la población reclusa casi duplica ya la capacidad total del centro.

La macrocárcel de Zuera ha alcanzado esta semana un registro histórico de internos. El centro penitenciario se inauguró en julio de 2001 con 450 reclusos, cifra que se ha multiplicado por cuatro a lo largo de estos años hasta alcanzar los 1.912. Las instalaciones tienen capacidad para 1.008 presos, por lo que actualmente se está a punto de duplicar su capacidad. Para los funcionarios de instituciones penitenciarias, esta situación es "límite" y tiene un origen claro: el aumento de las detenciones como consecuencia de los controles preventivos de la Expo y el habitual éxodo veraniego desde las cárceles de la costa a las del interior.

Al notable incremento del número de internos se suma el déficit de funcionarios de prisiones que arrastra históricamente la Comunidad. De hecho, aunque en el centro de Zuera trabajan ahora alrededor de 520 personas (incluidos vigilantes, psicólogos, educadores, maestros, cocineros, etc), parece que cada año quedan sin cubrir alrededor de una treintena de plazas. Por ello, si en las próximas semanas la población reclusa continúa repuntando, podrían plantearse serios problemas de gobernabilidad.

La primera en dar la voz de alarma ha sido la Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias (ACAIP), quien advierte también de la proliferación de las agresiones y peleas en el centro, fruto de la actual saturación. "El módulo 9 es el más conflictivo. Allí conviven habitualmente entre 50 y 60 personas, pero ahora hay más de 80 y esto rompe el status quo", explica Juan Carlos (por motivos de seguridad se omite su apellido), delegado de ACAIP en Aragón.

La macrocárcel cuenta con 14 módulos, y aunque todas las celdas tienen dos literas, no siempre se pueden utilizar ambas. De hecho, los denominados reclusos FIES (Fichero de Internos de Especial Seguimiento) tienen que estar siempre solos. "Se trata de miembros de ETA, personas vinculadas con el narcotráfico o especialmente peligrosas", explica el representante sindical.

El centro penitenciario de Zuera cuenta además con dos módulos especiales, reservados para internos en programas de reinserción o implicados en la mejora de la convivencia. "Son el módulo de tratamiento y el de respeto, que hemos estrenado hace solo un mes. En el primero, tenemos a aquellos reclusos que intentan desligarse de las drogas y a los que participan en cursos contra la violencia de género", comenta Juan Carlos. "En el segundo -añade-, se ha reubicado a todos aquellos internos que de forma voluntaria han decidido acatar algunas normas, como vestir bien, tener la celda en orden, participar en tareas comunes, etc".

En estos dos casos, la ratio de ocupación tiene que ser necesariamente más baja, lo que conduce a la masificación de otras dependencias del complejo penitenciario. Para ACAIP, a esta situación se llega porque ha fallado claramente la planificación. "Interior sabía perfectamente lo que ocurrió con motivo de la Expo de Sevilla, por lo que podía haber adoptado algunas medidas", señala el delegado de la agrupación de funcionarios en Aragón.

Nuevo juzgado de guardia

El traslado de internos desde las cárceles de la costa a las del interior es habitual cada verano, ya que como aumenta la delincuencia en el Levante hay que dejar espacio en sus prisiones. "Pero previendo que también aquí se iban a disparar las detenciones al calor de la Expo, se podía haber pensado que también necesitaríamos espacio", señalan desde ACAIP. No en vano, la puesta en funcionamiento del segundo juzgado de guardia durante los meses de la muestra internacional puede volver a disparar el número de ingresos.

Otro asunto que preocupa a los funcionarios de prisiones es la falta de un área especial para deficientes psíquicos en Zuera. Actualmente, todos los internos conviven en los diferentes módulos, lo que genera no pocos problemas. "La sociedad no quiere que haya psiquiátricos, por lo que los jueces nos envían a nosotros a personas enfermas. Y esto no es una solución ni para ellos ni para nosotros, que no estamos preparados para cubrir sus necesidades", comenta el delegado de ACAIP en Aragón.

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