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DOSIER

Los bosques continentales de Aragón retroceden en favor de los mediterráneos por el cambio climático

El aumento de la temperatura y la variación en el régimen de lluvias hacen que especies como el haya o el pino silvestre sufran un progresivo debilitamiento. Otros árboles mejor adaptados ya las están desplazando.

En otros se desarrolla más lentamente, algo que depende de otros factores distintos a los climáticos. "Son los que explican las diferencias de comportamiento entre ejemplares o bosques de una misma especie -destaca Ibarra-. Hablamos de la orientación geográfica, de la composición de los suelos, de la pendiente y el grado de escorrentía e incluso de la genética de cada árbol".

En el caso de Valtorres, a la falta de lluvias se han sumado unas fuertes pendientes, unos suelos muy disgregados sin apenas retención de agua, una gran densidad de ejemplares por hectárea y, como remate, una plaga de insectos perforadores de la madera. "Normalmente los procesos de decaimiento desembocan en una plaga, pero eso es porque los árboles ya están muy débiles", señala Enrique Martín.

Las zonas más afectadas

La Oficina de Salud de los Bosques de la Dirección General de Gestión Forestal ha detectado procesos de decaimiento de distintas especies continentales en gran parte del Pirineo, en las sierras del Prepirineo y también en puntos del Sistema Ibérico. "Está sucediendo con los abetos del valle de Ansó, con los pinos silvestres de Jaca, de Loarre y de San Juan de la Peña, con los robles melojos de la zona de Añón y de San Martín del Moncayo...", enumera Nieves Ibarra.

Muchos de esos tipos de árbol son desplazados por otros que también son más propios de climas centroeuropeos, pero los más probable es que con el paso del tiempo esas nuevas especies acaben siendo sustituidas por otras que sí sean mediterráneas. "Lo normal es que este proceso continúe y se acentúe", avisan los técnicos de la DGA.

Las modificaciones en la distribución de las especies forestales aragonesas también afectan, aunque en menor medida, a las más adaptadas al clima mediterráneo. En Valtorres los ejemplares que ha habido que talar son pinos carrascos, la misma especie que está de capa caída en la zona de Munébrega. En Murero el decaimiento forestal afecta a las encinas. "En todos los casos se trata de especies que, con los cambios producidos en el clima, han quedado fuera de sus condiciones ideales -comenta el jede de la sección de Restauración Hidrológico-Forestal-. De hecho, en algunos casos estamos viendo que hay árboles mediterráneos que están siendo sustituidos por vegetación no arbórea, lo que supone un escalón más en el proceso".

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