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DESCUBRIMIENTO CIENTÍFICO

Las enigmáticas pinturas de Jaraba

Son cuatro figuras, un hombre, una mujer y dos ciervos, que se realizaron en una pared rocosa como aviso o marca del territorio. Hasta ahora solo se conocía un enclave con arte levantino en la provincia de Zaragoza, el abrigo del Plano del Pulido en Caspe.

Las enigmáticas pinturas de Jaraba
Las enigmáticas pinturas de Jaraba

El arte rupestre (Patrimonio Mundial, Itinerario Cultural Europeo...) no deja de dar sorpresas en Aragón. La última, el hallazgo de un pequeño conjunto de pinturas, en aceptable estado de conservación, y que está intrigando a los especialistas. El hallazgo acaba de ser publicado en la revista 'Trabajos de Prehistoria', en un artículo que firman los especialistas de la Universidad de Zaragoza Pilar Utrilla y Manuel Martínez Bea, junto al descubridor de las pinturas, Serafín Benedí.

Las figuras se encuentran en una pared rocosa en el término municipal de Jaraba, en el cañón del río Mesa, en una ubicación concreta que no se quiere desvelar porque el emplazamiento no está todavía protegido. Se descubrieron en septiembre pasado, y desde entonces los especialistas están intentando desentrañar los enigmas que las envuelven.

El principal es su ubicación, nada habitual. Porque las pinturas -una figura femenina, una masculina y dos ciervos-, no se encuentran en un abrigo que estuviera poblado en época prehistórica; se ubican en una pared rocosa de no muy fácil acceso. ¿Por qué se ubicaron allí? "Creemos saberlo, porque están en un lugar donde eran visibles, y desde donde se dominaba visualmente una amplia zona -asegura Pilar Utrilla, catedrática de Prehistoria de la Universidad de Zaragoza-. Debe ser una especie de marca del territorio. En realidad, todo el arte levantino debió tener esa función". Es decir, que las pinturas fueron algo así como un aviso para caminantes, una señal de tráfico, un 'cave canem'.

El hallazgo lo realizó un vecino de la zona, Serafín Benedí, de forma casual, y lo comunicó a los especialistas de la universidad, que viajaron de inmediato a comprobar lo que contaba. Y lo que se encontraron fue un pequeño conjunto de pinturas, que desconcierta por estar a trasmano de los grandes 'centros' rupestres aragoneses, concentrados en la provincia de Huesca y Teruel. Este se ubica en Zaragoza, muy al oeste, alejado del único conjunto que se conocía en la provincia, el del Plano del Pulido en Caspe.

Las figuras, pintadas en negro

En cuanto a las pinturas, otro rasgo poco frecuente es que están realizadas con pigmentos negros, y no rojos, como es habitual. "Hemos mandado analizar los pigmentos -relata Pilar Utrilla-. Sería fantástico que estuvieran realizados con carbón, porque eso nos permitiría datar con bastante exactitud las pinturas, pero me temo que estarán hechos con ocre rojo o manganeso y será imposible fecharlas".

Los dos ciervos miran hacia la izquierda, y las dos figuras humanas lo hacen a la derecha. La masculina es de un arquero, que lleva en su mano izquierda un arco sin cuerda y flechas, y que tiene sobre la cabeza un penacho con seis plumas. Por debajo de las rodillas parecen advertirse unas cintas, que servirían para ajustar un pantalón bombacho o unas polainas. Y en el brazo izquierdo, el que sostiene el arco, se aprecia también un brazalete. Tiene unas dimensiones de 30 centímetros de longitud máxima desde la cabeza al pie izquierdo y 18,7 centímetros de longitud máxima del arco. Se encuentra en muy buen estado de conservación.

La figura femenina no lo está tanto, pero de su observación atenta se extraen datos. Parece vestir una falda de picos o pantalones anchos y lleva un niño con un gorrito a sus espaldas. Mide 22,7 centímetros de altura máxima.

En cuanto a los ciervos, uno de ellos (17,6 centímetros) está también en mal estado de conservación, por lo que los estudiosos han estado dudando un tiempo sobre si era un ciervo o una cabra. El otro, sin embargo, no admite dudas porque la cornamenta se aprecia perfectamente.

"Por encargo del Gobierno de Aragón, Manuel Martínez Bea y Rafael Domingo han prospectado todo el barranco y no han encontrado más pinturas rupestres, lo que no quiere decir que en su día no existieran", apunta Pilar Utrilla. La prehistoriadora cree que pudieron haber sido realizadas hace 7.000 años, aunque matiza que la datación del arte rupestre levantino aún enfrenta a los expertos. "Hay quien cree que es del Mesolítico (10000-5000 a. de C.) y quien piensa que es del Neolítico (7000-5000 a. de C). A mi me gusta la teoría de la transición, que lo sitúa en la competencia entre el hombre cazador-recolector del Mesolítico y el agricultor y ganadero del Neolítico".

Las figuras. Arriba, el arquero y, a la izquierda de la foto, la figura femenina, peor conservada. En el centro, uno de los ciervos, cuyo calco se reproduce junto a estas líneas, al lado del otro animal encontrado.

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