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ZARAGOZA

La vida apolítica de Rúbal

Al zaragozano Juan Manuel Gimeno lo confunden a menudo con el vicepresidente. «Tengo un aire, pero él es más alto», dice.

Juan Manuel Gimeno
La vida apolítica de Rúbal
ESTHER CASAS

No pertenece a ningún partido. Y, si lo hiciera, fundaría el suyo propio, con el poco comercial nombre de VYDV. Porque lo importante para él no son las siglas, sino el mensaje: «Vive y deja vivir». «De política, lo único que entiendo es que deberían poner a los que más valen», dice. Y su palabra no es la de un ciudadano cualquiera, sino la de todo un vicepresidente. Al menos, en apariencia. No hay día en que al zaragozano Juan Manuel Gimeno no le confundan con Alfredo Pérez Rubalcaba. Sus propios amigos lo conocen como 'Rúbal' o 'Rubi' y, últimamente, ya le empiezan a llamar presidente. «Me preguntan: "Cuando estés en la Moncloa, ¿me darás un buen puesto?"», comenta entre risas. Años atrás, cuando TVE emitió la serie 'Ramón y Cajal', ya le comparaban con Adolfo Marsillach. Y, sin embargo, Juan Manuel no está convencido de parecerse al vicepresidente. «Me veo un aire, por la calva y la barba. Pero, si te fijas bien, él es más alto, y tenemos la nariz distinta», replica.

No todo el mundo opina igual, y le ha pasado de todo con esta condición de doble que él nunca ha buscado ni alimentado. «El otro día, entré al autobús y una conductora muy simpática me dijo: "Usted no paga, señor ministro". El problema es que ya había pagado». Hay otra gente que, espontánea, se le acerca y le suelta: «Espero que no se moleste, pero es que es usted clavado». ¿Su reacción? Siempre con una sonrisa. «Les suelo contestar que en lo que no me parezco es en el sueldo», bromea.

De hecho, Juan Manuel afirma que, si volviera a encontrarse con Rubalcaba, le pediría que le subiera la pensión. Porque este zaragozano ya tuvo un encuentro con el político. Fue hace décadas, en Madrid, cuando aún no tenía ningún cargo en el Gobierno. Y no hubo efecto espejo. «Es que, entonces, no nos parecíamos. Él tenía más pelo que yo», cuenta.

Fuera del plano meramente físico, las coincidencias son escasas. Juan Manuel es zaragozano, y ha pasado toda la vida en la ciudad. Afable y abierto, su tono de voz es muy distinto al de las ruedas de prensa. Más bien es alegre, de esos que acompañan a los grandes conversadores. Solo se pone serio cuando habla de su familia, lo más importante para él. Pero vuelve a la sonrisa abierta al recordar su juventud, cuando aspiraba a ser deportista, o al nombrar sus primeros trabajos. «Mi primer empleo fue en un banco, a los 14 años, de botones. Y me pagaron 900 pesetas», rememora.

A pesar de que fue cambiando de trabajo con los años, siempre hubo una constante en su vida: la música. En los 60, fundó los Cerbuna's Boys, donde ejercía de cantante y guitarrista. Y aunque nunca estudió solfeo, sigue dándole a la guitarra, con los amigos, en bares de la calle Heroísmo como La Dolores, El Garito de Gareta o La Cepa Dorada. Porque si Rubalcaba es un histórico del socialismo, Juan Manuel lo es de la noche zaragozana. «Me ha gustado siempre la noche. Tiene mala fama, pero ¡anda que no pasan cosas malas durante el día! Quizá es algo que tendrían que hacer más los políticos: salir a la calle y ver lo que se cuece», considera.

A punto de cumplir los 70, hay algo de lo que no se retira: pasarlo bien. «Soy bohemio, pero es que no sé jugar a las cartas ni al dominó. Ni siquiera al guiñote. Prefiero estar por ahí. Hago lo que quiero, no lo que debo», reconoce. Y como no es de los que crea que cualquier tiempo pasado fuera mejor, sigue adelante con optimismo. «Al futuro le pido lo mismo que al presente: que a todo el mundo le vaya bien. A los que quiero, por cariño. Y al resto, por humanidad. Mi programa político sería ese: ser feliz».

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