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Aragón

CONTAMINACIÓN

La cuenca del Ebro tiene 2.750 puntos de vertido, uno por cada 4 kilómetros

Casi la mitad de las masas de agua sufren la contaminación urbana o industrialAdemás, uno de cada tres tramos están afectados por los nitratos o los herbicidas.

Poco a poco la situación va mejorando, pero los resultados del último informe de la CHE sobre la repercusión de la actividad humana en los ríos de la cuenca muestran que todavía queda mucho por hacer. Según ese estudio, en la demarcación del Ebro hay registradas unas 2.750 autorizaciones de vertido, una por cada 4,4 kilómetros de río aproximadamente.

A pesar de que esos focos de contaminación están controlados y sometidos a inspecciones periódicas, sus vertidos disminuyen la calidad del agua en casi la mitad de las masas de agua de la demarcación -355 en total-. Además, en la cuenca del Ebro hay otro tipo de contaminación difusa -la de origen agrario y ganadero- que llega a los cauces a través de los acuíferos y que también afecta en mayor o menor medida a uno de cada tres tramos de río -209 en total-.

Desde el año 2004, la Confederación recopila y analiza estos y otros muchos impactos en un estudio sobre las repercusiones de la acción del hombre en las aguas superficiales de la demarcación -la red fluvial principal tiene unos 12.000 kilómetros y se divide en 720 masas de agua o tramos de río con características similares-.

El organismo de cuenca aca- ba de hacer público el tercero de esos informes, y según sus responsables "en líneas generales" la actualización de los datos que ya se tenían muestra "una tendencia positiva". Esa mejora se debe, fundamentalmente, al aumento de la depuración en los núcleos urbanos, a los programas de control de los vertidos industriales y a los trabajos de recuperación ambiental realizados en algunos puntos de la demarcación.

Sin embargo, la CHE reconoce que existen presiones que siguen afectando a distintas masas de agua. Entre ellas, la Confederación destaca la contaminación difusa en las zonas de concentración agraria, los propios vertidos urbanos e industriales y la escasez de caudales detectada en algunos tramos.

A diferencia de los anteriores, el trabajo que acaba de publicarse no solo actualiza el inventario de presiones y analiza el riesgo que suponen para las masas de agua, sino que también hace una propuesta de medidas preventivas y correctoras que pueden servir de referente para la elaboración del programa de medidas del futuro plan hidrológico del Ebro. Ese listado de sugerencias analiza una a una las masas de agua con problemas.

Contaminación de origen puntual

Según los datos recopilados, que corresponden al año 2008 y que por tanto pueden haber variado ligeramente, en la cuenca hay concedidas 1.783 autorizaciones para vertidos urbanos -una por cada 7 kilómetros de río- y 960 para industriales -una por cada 12,5 kilómetros-. No obstante, su distribución es irregular, ya que esos permisos están concentrados, fundamentalmente, en el valle del Ebro.

En la actualidad ya se depuran el 89% de las aguas residuales de la demarcación. Pese a todo, el tratamiento de las plantas depuradoras no impide que los ríos sufran impactos por la carga orgánica generada y por el fósforo. Esos dos parámetros, unidos a vertidos que todavía no se tratan, provocan que el 33% de los tramos de río de la cuenca -243 en total- sufran una presión alta por contaminación de origen puntual y que en otro 17% -114 en total- la presión sea media o baja.

Según explica la CHE en un documento preparatorio del nuevo plan de cuenca, los vertidos que más están deteriorando la calidad de las agua son los industriales, en especial los de las empresas químicas y papeleras y los relacionados con los hidrocarburos. La Confederación cita como cauces más afectados el propio Ebro y afluentes como el Huerva, el Gállego y el Zadorra.

Por otra parte, el análisis de presiones e impactos de la Confederación también detalla que en la cuenca del Ebro hay 125 vertederos que también pueden afectar a las aguas superficiales.

contaminación de origen difuso

Además de los focos de vertido controlados y localizados, existe otro tipo de contaminación difusa que no es achacable a nadie en concreto pero que se debe, sobre todo, a la agricultura y a la ganadería. Ambas actividades generan efluentes que proceden tanto del abono de las tierras de cultivo como de la gestión de los purines y que acaban llegando a las aguas subterráneas y superficiales provocando niveles excesivos de herbicidas y problemas de eutrofización por exceso de nitratos y de otras sustancias -al haber demasiados nutrientes, la vegetación acuática se dispara y los ecosistemas se desequilibran produciéndose una pérdida de biodiversidad-.

Por sus características, la contaminación difusa no se puede cuantificar, pero el informe sobre la repercusión de la actividad humana en las aguas superficiales ha calculado que actualmente el 35% del territorio de la demarcación del Ebro -2,1 millones de hectáreas- está destinado a la agricultura de secano y que otro 10% -unas 900.000 hectáras- está ocupado por cultivos de regadío. También se recoge que en la cuenca hay 7,6 millones de cerdos, 4,3 millones de ovejas, 51 millones de pollos y otras aves? en total todos esos animales suman más de 64 millones de cabezas de ganado que también contaminan a través de sus excrementos.

La consecuencia de esos impactos agrícolas y ganaderos es que el 30% de los tramos de río de la cuenca están afectados por la contaminación difusa, aunque es cierto que solo el 1,1% -8 en total- padece una presión alta. En el 28,9% restante -203 en total- la presión es media o baja.

Geográficamente, la contaminación difusa se concentra en el tercio central del valle del Ebro. Los cauces con mayor presión por nutrientes son los que recogen los retornos de los grandes sistemas de riego: el Arba en Bardenas, el Clamor Amarga en el Canal de Aragón y Cataluña y el Alcanadre y el Flumen en Riegos del Alto Aragón. Por su parte, los ríos en los que se han detectado niveles elevados de plaguicidas son el Alcanadre en Ontiñena, el Clamor Amarga en Zaidín, el Arba de Luesia en Tauste y el Segre en Serós.

Como curiosidad, el estudio sobre la repercusión de la acción del hombre en el Ebro también detalla, dentro del apartado referido a la contaminación difusa, que en la cuenca hay 38 gasolineras situadas a menos de un kilómetro de distancia de una masa de agua.

sedimentos contaminados

Durante décadas, en la cuenca del Ebro se realizaron vertidos con cargas contaminantes y sustancias que, aunque actualmente están muy restringidas debido a su peligrosidad, hasta hace unos años sí estaban permitidas. Eso ha generado problemas por la presencia de sedimentos contaminados en algunos puntos de la demarcación.

No obstante, esos sedimentos contaminados también tienen su origen en los efluentes de las depuradoras urbanas con alta carga de vertidos industriales en sus redes de saneamiento, ya que la gran dificultad del control de esos vertidos hace posible la aparición de fenómenos de contaminación.

Según se detalla en el estudio de la Confederación, los tramos de río que presentan una mayor contaminación en la matriz sedimento son el Ebro a la altura del embalse de Flix, el Zadorra en Vitoria-Trespuentes, el Gállego en Jabarrella y el Huerva en la fuente de La Junquera.

especies invasoras

Otra de las presiones que sufren las aguas superficiales son la llegada de especies alóctonas, es decir, animales o plantas invasoras que son originarias de otros territorios y que llegan a la cuenca del Ebro porque el hombre las transporta voluntaria o involuntariamente.

En este capítulo, el informe que acaba de hacer público la Confederación recuerda que en la demarcación hay 53 masas de agua con la presencia constatada del mejillón cebra y una más en la que también se ha identificado al siluro.

Los autores del estudio también explican que realizaron consultas sobre las explotaciones forestales que pueda haber en zonas de policía hidráulica. No obstante, esta son "de escasa entidad", por lo que no han sido incorporadas al inventario de presiones.

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