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Las lluvias de récord de junio rescatan de la emergencia a los ríos Aragón, Gállego y Cinca

El mes pasado se registró la mayor precipitación en la cuenca del Ebro de los últimos 22 años, con 103 litros por metro cuadrado de media. 

Foto del embalse de Barasona, en la provincia de Huesca
Foto del embalse de Barasona, en la provincia de Huesca
Verónica Lacasa

Las precipitaciones de récord de junio en la cuenca del Ebro han rescatado a algunos ríos de la situación de emergencia. Es el caso del Aragón y Arbas, que permanecían en este umbral desde abril, el Gállego y el Cinca. Los 103 litros por metro cuadrado caídos el mes pasado, más del doble de la media, representan el máximo para junio de la serie histórica de 22 años. 

El informe mensual de los indicadores de sequía y escasez correspondiente a junio, hechos públicos este miércoles, cuantifican la sensación de alivio ante la falta de agua que agobiaba al campo y amenazaba los abastecimientos más precarios de cara al verano.

En mayo estaba en sequía prolongada el 85% de la cuenca, con todas las unidades territoriales en esa circunstancia menos el Jalón y el Martín. Gracias a las copiosas lluvias de estas semanas dejan de estar en sequía el Irati, Arga y Ega y el Matarraña y ese porcentaje se ha reducido al 74%. 

Respecto a las reservas en los embalses, la CHE destaca la mejoría en las unidades territoriales relacionadas con el Pirineo central, pasando de emergencia a alerta la intercuenca Gállego-Cinca y la del Aragón y Arbas. La alerta se mantiene para el Huerva, Noguera-Pallaresa y Noguera-Ribagorzana, más lejos hoy de entrar en emergencia. 

Pero aunque la lluvia haya aumentado las reservas y haya reducido las necesidades de riego, relajando las restricciones en muchas comunidades de regantes, "la situación sigue sin ser buena", señalan los técnicos de la CHE, ya que se arrastra un déficit de precipitaciones desde el inicio del año hidrológico en octubre. 

El embalse de Yesa está al 63% y Mediano al 37%, mientras que El Grado, que se explota conjuntamente con el anterior alcanza el 88%. La Sotonera llega al 72% y Barasona al 95%. La cruz de la moneda la encontramos en Canelles, el mayor embalse del Pirineo, en la cuenca del Noguera-Ribagorzana, a menos del 15%. 

De Canelles han desaparecido las actividades náuticas que llenaban el pantano de embarcaciones en verano. La CHE reconoce que los usos recreativos en los embalses afrontan una campaña "muy problemática y con mucha inquietud". Lo mismo pasa con la producción hidroeléctrica, que sigue viéndose muy mermada. En 2022 en toda España la generación hidráulica fue un 39,7% inferior respecto a 2021, y este año puede ser similar o más baja.

Según los datos de la CHE, el 42% de la cuenca estaba en emergencia en mayo y ahora es solo el 20%. "Una mejoría importante que, no obstante, no tiene que hacer bajar la guardia en la aplicación de las medidas necesarias". 

Lo peor sigue estando en el Segre, pues aún con más reservas, todavía persiste la situación de escasez intensa. El 24 de abril se tuvieron que cerrar los canales de riego principal de Urgel y Segarra-Garrigues, limitándose al abastecimiento de los municipios, ganadería e industria y riegos de supervivencia. El 30 de junio la Comisión de Desembalse acordó un reparto del agua de 50 hectómetros cúbicos para el Canal de Urgel y 8 para el Segarra-Garrigues, que irán principalmente destinados a los frutales.

La previsión de la Aemet para el verano, según la CHE, apunta a una estación más húmeda de lo normal, aunque cálida. "La recomendación es continuar siendo prudente en el uso del agua teniendo en cuenta los recursos disponibles y atender a las recomendaciones de las comunidades de usuarios".

De acuerdo con los datos del Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH), en este año hidrológico (desde el 1 de octubre hasta el 30 de junio) ha llovido en la cuenca el 91 % de la media, porcentaje que era del 75% a finales de mayo.

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