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Festividad de San Lorenzo: ¿sabes quién era el santo oscense al que se honra cada 10 de agosto?

Dice la tradición que Lorenzo nació en Huesca en el seno de una familia pudiente, que lo envió a estudiar a Zaragoza. Pronto acabaría en Roma.

El busto de San Lorenzo durante la procesión del día 10 de agosto en Huesca.
El busto de San Lorenzo durante la procesión del día 10 de agosto en Huesca.
Rafael Gobantes

Cada 10 de agosto se celebra el Día de San Lorenzo. Dice la historia que Lorenzo, natural de Huesca (se fija su nacimiento en el año 225 de nuestra era) pudo marchar a estudiar a Zaragoza gracias a la buena salud económica de su familia. De la capital zaragozana marchó ya a Roma, donde acabaría siendo archidiácono de la ciudad. De hecho, era uno de los siete diáconos ‘regionarios’ de Roma. También ejercía de asistente del papa Sixto II.

Su cargo de responsabilidad en la estructura de la Iglesia (era el administrador de sus bienes) coincidió con el inicio de la persecución de los cristianos a cargo del emperador Valeriano. La autoridad imperial encargada de la ciudad sabía que Lorenzo era administrador de los bienes eclesiales y lo mandó llamar para exigirle que entregase los tesoros de la Iglesia a su cargo, para costear con ellos la próxima campaña militar del emperador. Lorenzo le pidió tres días de plazo para cumplir el cometido y ganó así tiempo para deshacerse de todo.

Una controvertida iniciativa de Lorenzo, que vendió los citados bienes y distribuyó los dividendos de la venta entre los más necesitados, acabó causándole la muerte; cuando se cumplió el plazo de tres días, el oscense apareció con un nutrido grupo de pobres y enfermos, llamándolos tesoros de la Iglesia.

Valeriano, sintiéndose burlado por el joven oscense, mandó torturarlo y ejecutarlo luego entre terribles tormentos, asándolo sobre una parrilla el 10 de agosto del año 258. Lorenzo, con una fortaleza increíble, acertó a pronunciar antes de morir las siguientes palabras: “Assum est, inqüit, versa et manduca” (“Asado está, parece, dale la vuelta y come”).

Pocos días antes, el sanguinario Valeriano también había ajusticiado a Sixto II, a quien detuvo mientras oficiaba misa en un cementerio de la ciudad; estaban prohibidas todas las manifestaciones públicas de los cristianos. Se dice que al ver inminente la suerte de su Papa, Lorenzo exclamó: “Padre mío, ¿te vas sin llevarte a tu diácono?” y el Santo Padre le respondió: “Hijo mío, dentro de pocos días me seguirás”. Así fue.

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