Huesca
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¿La tragedia del glaciar de la Marmolada se podría repetir en el Pirineo?

Los expertos ven improbable un desprendimiento similar debido al retroceso de las masas de hielo en la cordillera pirenaica. El último accidente de estas características se produjo en Monte Perdido en 1953 con dos militares muertos.   

Glaciar de Monte Perdido, sometido desde hace años a mediciones
Glaciar de Monte Perdido, sometido desde hace años a mediciones
Juan Ignacio López Moreno

El retroceso de los glaciares del Pirineo hace "bastante improbable", según los expertos, que el desprendimiento ocurrido en la Marmolada, en los Alpes italianos, con ocho fallecidos y 15 desaparecidos, se pudiera repetir en Aragón. No obstante, la caída de rocas en la montaña se ha acelerado con el cambio climático al alterar el permafrost, la capa de suelo helada que actúa como un pegamento.

El geólogo y profesor de la Escuela Universitaria Politécnica de Huesca José Antonio Cuchí señala que en Monte Perdido o el Aneto no hay seracs, bloques de hielo, como el que se sospecha que se desprendió en la Marmolada arrasando a su paso a grupos enteros de montañeros. Ni pasan por debajo rutas alpinas.

Monte Perdido sí sufrió un desprendimiento que mató a dos militares, pero fue hace casi 70 años, cuando la masa de hielo tenía mayores dimensiones. "El frente ahora mismo está reducido a una lámina", indica Cuchí. Ocurrió en esta época del año, el 21 de junio de 1953. Dos capitanes de la Escuela Militar de Montaña de Jaca murieron durante unos ejercicios prácticos y otros dos oficiales resultaron heridos graves. Estaban escalando en hielo para franquear las barreras de seracs mientras se producían hundimientos internos que presagiaban un desprendimiento.

Alfredo Serreta, también profesor de la Politécnica, coincide en que es "muy improbable" un accidente dado el retroceso de los glaciares. Él participa cada año en la expedición científica que realiza el seguimiento del de Monte Perdido. "Ni tiene la inclinación suficiente ni pasa ninguna ruta por debajo", explica.

"Se oyen caídas de bloques"

No obstante, siempre hay eventos de menor envergadura, afirma Jesús Revuelto, investigador postdoctoral del Instituto Pirenaico de Ecología. "En las partes más verticales de Monte Perdido se oyen caídas de bloques de hielo". Según este especialista en nivología y glaciología, estos días se dan las condiciones ideales por las elevadas temperaturas y la retirada de la nieve como elemento protector. "Los glaciares del Pirineo no tienen las extensión de la Marmolada. La parte desprendida es un fragmento pequeño muy colgado en una zona pendiente, pero claro, con unas consecuencias desastrosas", señala Revuelto.

Sí supone un riesgo el desprendimiento de rocas, cada vez más frecuente. El más reciente ocurrió el 20 de junio en la cresta de los Esparrets, en el valle de Pineta. Un corredor canalizó un alud de piedras y bloques. El Parque Nacional de Ordesa cortó el acceso a la Faja Tormosa, colocando señalización y recomendando no hacer uso de este sendero hasta nuevo aviso. Además, el helicóptero de la Guardia Civil y el Greim de Boltaña inspeccionaron la zona por si hubiera podido haber alguna persona bajo las rocas, una posibilidad que se descartó.

"En el contexto de calentamiento global en el que estamos, fenómenos como el de Italia o como el ocurrido en Esparrets hace unos días son parte de la nueva realidad", comenta el geólogo Ánchel Belmonte, director científico del Geoparque Sobrarbe-Pirineos.

Su colega José Antonio Cuchí recuerda otros derrumbes, como los del Monte Oroel, donde la ermita natural de la Virgen de la Cueva está cerrada por esta causa, así como accidentes mortales de montañeros en el Pirineo aragonés causados por la caída de grandes piedras. "Detectamos muchas caídas de bloques, aunque en menor medida que en los Alpes, como consecuencia de la descongelación de la montaña, porque el hielo une", afirma este geólogo.

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