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Salas Bajas crece más de un 20% en los últimos ocho años y frena la despoblación

La localidad del Somontano, de 198 habitantes, cuenta con 42 nuevos vecinos llegados de diferentes localidades que han elegido vivir en el medio rural.

Algunos de los nuevos vecinos de Salas Bajas, que ha detenido la tendencia demográfica negativa.
Algunos de los nuevos vecinos de Salas Bajas, que ha detenido la tendencia demográfica negativa.
José Luis Pano

La despoblación ha quedado noqueada en Salas Bajas, que no solo ha conseguido detener la tendencia demográfica negativa, propia del medio rural aragonés y español, sino que ha experimentado un crecimiento sustancial en la última década. Ya sea por su proximidad a Barbastro, unos 15 kilómetros por una buena carretera (Eje del Vero), sus servicios, la hospitalidad del vecindario o por otros factores socioeconómicos, el hecho es que en una de las localidades vitivinícolas por excelencia del Somontano el 21,21% de sus habitantes no son hijos del pueblo.

De los 198 vecinos censados, 42 proceden de otros lugares. Buena parte de ellos son de Barbastro, pero también de distintas localidades de Aragón, Cataluña y hasta de Francia. Familias con hijos, personas solas, jóvenes o de edad avanzada..., el perfil de los nuevos pobladores es variado.

El alcalde, José Gracia, recuerda que este 'boom' demográfico se inició hace ocho años. "Ha sido posible porque ha habido vivienda asequible, estamos cerca de una capital y tenemos buenas infraestructuras y servicios. Ahora, tenemos mucha demanda pero no tenemos oferta habitacional y estamos promoviendo una bolsa de casas", señala.

"Tengo tres nietos y quería que cuando vinieran a vernos tuvieran seguridad y tranquilidad para jugar y estar en contacto con la naturaleza"

En las últimas décadas, lo habitual era trasladarse desde los pueblos a la cabecera comarcal, o conservar ambos domicilios. Pero también hay casos a la inversa, como el de Silvia Lacoma. Sin raíces en Salas Bajas cambió su vivienda en Barbastro por una casa en el pueblo. En agosto cumplió un año como nueva vecina. "Buscábamos algo rodeado de naturaleza, con paz y tranquilidad. Fue el primer pueblo que vimos y desde que lo pisé me enamoré y supe que iba a vivir aquí. Me dijeron que me había vuelto loca, porque habíamos reformado el piso", cuenta. "Tengo tres nietos y quería que cuando vinieran a vernos tuvieran seguridad y tranquilidad para jugar y estar en contacto con la naturaleza, para que la respeten", detalla.

Lacoma, responsable de un comercio en Barbastro, compró con su marido una antigua casa que derribaron y construyeron de nuevo. Una de las plantas se la ofrecieron a uno de sus hijos, David, de 35 años, que se ha construido un dúplex.

El joven trabaja en una fábrica en Barbastro pero lo tuvo claro desde principio. "Me gusta hacer deporte y el salir al campo te invita a ello, además tengo un perro y para él es mejor calidad de vida", indica. "En el pueblo se habla con todos los vecinos y descubres que tienes mucho en común con ellos", añade.

Desde Mataró (Barcelona) ha llegado la familia Ríos Megías, con lazos familiares en Alquézar. "Veníamos a veranear y hace cinco años paramos en Salas Bajas. Nos enamoró el pueblo y la gente. Los niños necesitan correr, jugar… y aquí lo tienen todo", dicen.

Compraron dos apartamentos para alquiler turístico y el año pasado se plantearon cambiar de vida. "Mi marido y mis hijos querían venir, a mí me costó más porque soy muy urbanita pero al final dejé mi trabajo como higienista dental, y me compensa", explica Alejandra Megías. "Quizás la pandemia contribuyó a que diéramos el paso", comenta su marido, Víctor Ríos, que teletrabaja para una multinacional noruega. "La velocidad de wifi aquí es como si me conectara en Japón. Se aprovecha mejor el tiempo y sin estrés", dice.

Vivienda municipal

El número de vecinos llegados de otras localidades todavía podría ser mayor si hubiera un acceso fácil a la vivienda. El mercado inmobiliario es limitado, no hay promociones a la vista y solo queda la compra de casas o solares para construir. "El que tiene una casa y la vende a precio de mercado, vende fácil", dice el alcalde.

Esta situación, compartida por otros pueblos, ha motivado que la Comarca haya puesto en marca este año el proyecto ‘Somontano Alquila’, para que los propietarios de inmuebles que no usan los puedan acondicionar y poner a la venta o en arriendo.

A pesar de su corta andadura ya ha dado resultados. Cuatro familias, con 14 personas en total y de fuera del Somontano, ya han firmado sus contratos de alquiler en Pozán de Vero, El Grado, Castillazuelo y Radiquero. Tras el inicio del programa se ha contactado con 22 de los 29 ayuntamientos de la Comarca para darlo a conocer y acercar los servicios de asesoría inmobiliaria y jurídica que presta a los propietarios. Los técnicos han localizado 85 viviendas sin habitar, 17 de las cuales se han incorporado a la Bolsa de Alquiler.

Otro programa es ‘Pueblos Vivos’, que impulsa el Centro de Desarrollo Rural Somontano con apoyo de la Comarca. En los dos últimos años y con fondos Leader, se han acondicionado once viviendas en otras tantas localidades para 29 personas.

Aparte y con subvenciones de la Diputación Provincial de Huesca, varios ayuntamientos de la zona adecúan espacios municipales para transformarlos en viviendas.

Una de las últimas viviendas se construirá en Salas Bajas. Sobre el Museo del Torno, el Ayuntamiento acondicionará un salón social para construir un piso destinado a una familia con hijos que decida asentarse en la localidad. Además, se remodelará el espacio multiservicios para que sirva como espacio sociocultural.

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