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El turismo del Pirineo remonta en medio de la nueva ola de covid

Los datos de tráfico y de las oficinas de visitantes indican que se ha vivido una primera quincena de julio mejor que la de 2020 y más cercana a la de prepandemia.

Visitantes accediendo este sábado al balneario de Panticosa, que pronto llenó sus aparcamientos, para hacer rutas de montaña.
Visitantes accediendo este sábado al balneario de Panticosa, que pronto llenó sus aparcamientos, para hacer rutas de montaña.
Verónica Lacasa

El sector turístico del Pirineo está capeando el temporal de la sexta oleada de covid en Aragón con mejores perspectivas que el año pasado. Las cifras de esta primera quincena de julio se sitúan más cerca de las de 2019 que de las de 2020. Si hace 12 meses el inicio del verano fue catastrófico, con una cascada de cancelaciones por los brotes en las comarcas frutícolas, el actual repunte de contagios no está teniendo graves consecuencias, de momento, según aseguran los empresarios, aunque miran de reojo los datos sanitarios y siguen pendientes de las restricciones.

A falta de resultados de ocupación en los alojamientos, el tráfico en la carretera es una referencia. El primer domingo de julio, el puerto de Monrepós (A-23, en Nueno) registró el paso de 14.623 vehículos de bajada, un 48% más que en la misma fecha del 2020. Lo mismo ocurrió el domingo siguiente, 12 de julio, incrementándose incluso el porcentaje al 63% (15.915), un volumen que no se alcanza ni en temporada de esquí.

Otro indicador son las oficinas de turismo. "Estamos recibiendo más consultas presenciales que en 2020 y casi como en 2019", asegura María José Jarne, directora de la de Jaca, una ciudad que este sábado ofrecía la estampa habitual del verano, con cientos de turistas en torno a la catedral y la Ciudadela y llenando las terrazas.

En la primera quincena de julio, recibió 3.536 consultas presenciales, muy por encima de 2020 (2.405) y cerca de 2019 (3.656). Las limitaciones para viajar al extranjero determinan un perfil de visitante claramente nacional, con predominio de vascos (17%), madrileños (15%), zaragozanos (10%) y valencianos (9,5%). Incluso con estancias más prolongadas: un 16% están más de una semana, casi cuatro puntos por encima del 2019.

"El año pasado se sufrió el cierre de algunas comarcas de Huesca, lo que provocó numerosas cancelaciones. Recibíamos muchas consultas sobre ello, cosa que no pasa este año. La gente se siente segura en los establecimientos turísticos, respetan las normas de aforos, mascarillas...", asegura Jarne.

Las terrazas estaban llenas en Jaca este fin de semana.
Las terrazas estaban llenas en Jaca este fin de semana.
Verónica Lacasa

Pedro Marco, propietario de dos hoteles y un restaurante en Jaca, confirma que no están teniendo anulaciones de reservas, eso sí, casi todas se realizan a última hora, lo que hace difícil pronosticar cómo será agosto. "Julio está yendo mejor que el año pasado. En 2020 tardamos mucho en arrancar y este año vemos actividad". Él espera un buen verano, sobre todo si la curva de covid se aplana y se levantan las restricciones.

Igualar el 2019

Los hoteleros del cercano valle de Tena confirman el buen arranque. Según reconoce Jesús Pellejero, propietario de dos hoteles en Formigal y presidente de la asociación empresarial, el mercado internacional va "más lento", "pero el español está tirando mucho, tanto como para suplir a los otros". Esta será la tónica de la temporada por las recomendaciones de otros países de no viajar a España. El objetivo, dice, es igualar o mejorar el verano de 2019. Eso sí, los empresarios echan de menos eventos anulados por la pandemia, como Pirineos Sur, con muchas pernoctaciones.

Panticosa estaba también a rebosar. "No notamos una influencia negativa por el recrudecimiento de la pandemia, al menos de momento", confirma el director del complejo turístico del Balneario, Jesús González, optimista porque, pese al repunte, cada vez hay más personas inmunizadas. No oculta que están "a expensas de lo que pueda pasar, porque si aumentan las limitaciones, sobre todo de movilidad, el efecto será muy negativo para el Pirineo".

Todas las comarca del norte de la provincia están observando, por segundo año consecutivo, el tirón de los espacios al aire libre de montaña. Las cifras de visitantes son "muy esperanzadoras", según Paz Agraz, presidenta de los empresarios de Sobrarbe, quien asegura que las cancelaciones registradas estos días "más que por el miedo, han sido de personas que se tenían que confinar".

"Los extranjeros, ni están ni se les espera"

"Los extranjeros llegan con cuentagotas, ni están ni se les espera. Esta mañana ha entrado un coche alemán y casi le hemos hecho la ola". Elena Ruiz, propietaria del campin Aneto de Benasque, está acostumbrada a recibir holandeses, belgas, británicos..., ausentes este verano, en el que el tiempo no ha acompañado al sector de alojamientos al aire libre, aunque vuelve a beneficiarse del plus de seguridad en estos tiempos de pandemia. "Viene gente que nunca había ido de campin, y con ganas de salir a la montaña", indica esta empresaria.

Sin llegar a cifras de otros años, la Asociación de Empresarios de Campings de Aragón esperaba alcanzar una ocupación cercana al 80% del 2019, pero las restricciones en hostelería y ocio nocturno les están perjudicando. "Un campin es como un pueblo, con bares, restaurantes, espectáculos... Y cuando estás de vacaciones no quieres que te limiten los servicios. Además, los clientes no saben a qué atenerse. Son turistas nómadas que en una comunidad se enfrentan a unas restricciones y en otra, a otras", dice su presidente, José Manuel Ferrero.

Él habla de la "incertidumbre" que planea sobre el turismo cuando las noticias informan de toques de queda y confinamientos. "El verano pasado todo empezó así. Tengo una plantilla de 15 personas y debo reforzarla, ¿contrato o no?", se pregunta.

Con incertidumbre afrontan también el verano los empresarios de la sierra de Guara, donde prima el mercado francés. "Están viniendo, pero ni mucho menos en la medida de otros años", afirma Mariano Altemir, alcalde de Alquézar y hotelero. Los extranjeros proceden de zonas cercanas a la frontera, no necesitan coger un avión, y algunos acortan su estancia a menos de 72 horas para no volver a hacerse la PCR exigida al regreso. Esta ausencia se ve compensada por el turismo nacional, que este año tiene más difícil viajar fuera. Francia, por ejemplo, exige a los viajeros desde España una PCR negativa hecha 24 horas antes.

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