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Un joven convierte un piso okupa en Huesca en un hogar para una familia refugiada

La vivienda, adquirida por un joven emprendedor de 23 años, ha sido completamente reformada en tan solo dos meses.

Álvaro Saurina, durante la reforma del piso.
Álvaro Saurina, durante la reforma del piso.
Heraldo

A pesar de su juventud, Álvaro Saurina (23 años) tenía muy claro que quería seguir los pasos de su padre. Por eso, cuando este emprendedor encontró la oportunidad de adquirir un piso en la ciudad en la que vivió durante una década, Huesca, no lo dudó ni un segundo. “Se trata de un piso que había sido ocupado en varias ocasiones. Cuando llegué estaba en una situación verdaderamente lamentable”, recuerda el joven.

Natural de Barcelona, este joven, el mayor de ocho hermanos, se trasladó junto a su familia hasta la capital oscense cuando tenía 12 años. Hace unos meses tuvieron que regresar por motivos laborales. “Aunque nací en Barcelona yo me considero 50% aragonés y sé que cuando pueda volveré a esta ciudad porque se vive muy bien”, reconoce.

Desde que tiene uso de razón, Saurina recuerda acompañar a su padre, administrador de fincas de profesión, en la reforma de pisos que este adquiría en mal estado y acondicionaba para poner en alquiler. Hoy, a punto de terminar la carrera de Derecho, trabaja en la empresa familiar, Finca Service. “Siempre quise seguir sus pasos y hacer lo mismo que hacía él”, admite. Así que, contando siempre con su apoyo y experiencia, el joven se puso manos a la obra con este nuevo reto. “Cuando se lo conté a mi padre me dijo que no me iba a dar un duro pero que me iba a apoyar en todo lo que hiciera”, prosigue.

La vivienda, adquirida por un joven emprendedor de 23 años, ha sido completamente reformada en tan solo dos meses.

Se trata de un proceso que ha durado en torno a dos meses a pesar de la pandemia. “Me pilló en medio de todo así que, entre eso y el trabajo solo podía venir los fines de semana desde Barcelona. Entre semana contaba con el apoyo de dos albañiles”, continúa. “Ha sido una experiencia dura pero fascinante”, asevera.

Lo primero de todo fue limpiar y vaciar la casa que se encontraba en muy mal estado. “Estaba completamente inhabitable y con unas instalaciones muy anticuadas. Sacamos escombros, rascamos y enyesamos las paredes, pintamos todo… Ahora ha quedado completamente irreconocible”, asegura Saurina. Además, el joven recuerda que en la capital oscense existe un gran problema respecto a la gran cantidad de pisos vacíos. Una situación que se repite en el resto de España. Según datos publicados en 2019, tan solo en Huesca hay más de 5000 viviendas vacías, en torno a un 18% del parque inmobiliario de la capital oscense.

El antes y el después de la cocina.
El antes y el después de la cocina.
Heraldo

“Debido a la pandemia tampoco pude hacer muchas compras así que casi todo lo hicimos a través de internet”, explica. Hoy, tras dos meses de duro trabajo, esta vivienda se ha convertido en el hogar de una familia nicaragüense recientemente exiliada y muy agradecida.

Una segunda oportunidad

Hoy, este piso ubicado en la capital oscense se ha convertido en el hogar de Deyling, Suryma, Abigail y Abril. Una familia que llegó a España el pasado 29 de enero tras dejar toda su vida en Nicaragua debido a la complicada situación política que se está viviendo en este país. “Fue una vecina del edificio quien me puso en contacto con ellos. Me dijo que atravesaban una situación muy complicada y que necesitaban una oportunidad”, explica el joven.

“Llegamos a España sin absolutamente nada tras vender todas nuestras pertenencias. Aquí hemos contado con el apoyo de dos familias que nos han prestado una habitación para tener un techo bajo el que dormir” explica Sury, madre de la familia. Mientras esperan a que se haga oficial su permiso de trabajo, asegura que tener un hogar era una de sus mayores prioridades. Una situación que se complicó con el inicio del estado de alarma. “Hemos estado tres meses sin poder salir de una habitación. Ha sido muy difícil y muy duro”, añade.

“Encontrar una casa era muy complicado debido a nuestra situación sin embargo Álvaro nos ha dado una oportunidad”, explica, emocionada. Y aunque reconoce que ya estaban en contacto con una ONG local para entrar a un piso y recibir la ayuda necesaria, Sury explica que, por ahora, esta opción no entraba en sus planes. “Mientras tengamos nuestras manos para trabajar queremos intentar salir adelante. No vine a España a existir, vine a vivir”, reivindica. “Ahora tenemos un techo, mis hijas tienen una cama en la que dormir y cada noche, en la mesa, damos gracias a Dios por poder estar juntos”, concluye. 

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