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La osa Sarousse se ceba con el ganado de 'Costa de Beleder', con 3 ataques en 15 días

José Laencuentra asegura que es una animal "muy inteligente que sabe muy bien cuándo y cómo atacar y suele aprovechar momentos de tormentas para realizar sus asaltos".

Oveja del rebaño de José Laecuentra semidevorada por la osa Sarousse.
Oveja del rebaño de José Laecuentra semidevorada por la osa Sarousse.
J. L.

Durante la IX Jornada sobre Pastoralismo y Trashumancia, José Laencuentra –'Costa de Beleder', como es conocido en toda Ribagorza- recibió el 13 de diciembre de 2007 el Cayado de Honor, una distinción con la que el sector de la ganadería ovina reconoce los merecimientos de sus profesionales. Costa ha confesado siempre sentirse "muy orgulloso" de una profesión a la que se ha dedicado en cuerpo y alma "toda la vida" pero en los últimos años se muestra abatido, muy cansado e, incluso, con ganas de tirar la toalla ante la deriva de una profesión gravísimamente amenazada por los nuevos usos y costumbres de consumo, económicas y sociales.

"Pero no nos engañemos –comenta-, no plegaremos por los precios bajos y la excesiva burocratización de la profesión, sino por la amenaza permanente del oso y de otros predadores que están soltando en los montes con el visto bueno de la Administración, la principal responsable de la situación en que nos encontramos". Costa sabe de lo que habla, el pasado domingo sus ganados sufrían por tercera vez en 15 días el asalto constatado de un plantígrado –muy probablemente de la osa Sarousse- , con el resultado esta vez de, al menos, una oveja muerta y semidevorada y un rebaño aterrorizado, con enormes niveles de estrés y en el que se multiplicarán los abortos y los desórdenes alimentarios. Ni siquiera los cuatro enormes mastines que guardan el ganado –uno de ellos presenta una fea herida en la oreja que muy bien le ha podido ocasionar el oso- pueden hacer frente a una osa que, para Costa, "es muy inteligente y sabe muy bien cuándo y cómo atacar y suele aprovechar momentos de tormentas para realizar sus asaltos".

Este histórico ganadero ribagorzano entiende que esta repetición en los ataques del oso pueden desmoralizar a cualquiera. "Yo lo llevo como puedo, ya casi estoy acostumbrado", comenta con una ironía fruto de la pérdida de más sesenta ovejas -"y eso las que han podido ser computadas sin asomo de dudas, que son las que nos abona la Administración"–desde que los osos han sido reintroducidos en los montes pirenaicos.

Las algo más de 1.000 ovejas de este rebaño de Costa pastan estos días en el vecino monte Cervín, muy cerca de residencia en el núcleo de Beleder, y para el ganadero se está convirtiendo en "una dolorosa rutina" comprobar los resultados del ataque del oso que, a veces, ofrece novedades teñidas de peligro y de miedo. "Un ataque como este último no lo había visto aún –señala- porque la osa había escondido la res entre los matojos y arbustos en una zona en la que los buitres no se atrevían a entrar, no sé si por lo cerrada que estaba o porque detectaban la presencia del predador, pero a mí no me quedó más remedio que meterme en la maleza sin saber si estaba acechando la osa".

Encontró una oveja desgarrada y parcialmente devorada entre rastros de sangre del oso. Algo que constataron los técnicos del Gobierno de Aragón que se desplazaron inmediatamente a la zona tras recibir el aviso de un Costa que reconoce su dedicación. "Es para aborrecerse y para mandarlo todo a hacer viento; yo intento tomármelo un poco a la bartola porque si no no podría aguantar pero cojo unos cabreos que no veas", confiesa desalentado este ganadero, que lleva trabajando con sus queridas ovejas desde que era un crío y que en los últimos cincuenta años no ha faltado uno en su trashumancia al Valle de Benasque en busca de los pastos veraniegos. "No creo que haya habido nadie tan fiel como yo con el término municipal de Benasque", comenta con orgullo.

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