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Arte, libertad y supervivencia en la sierra de Jubierre

El festival Nowhere celebra desde el pasado martes y hasta el próximo domingo su edición número 16 en uno de los lugares más inhóspitos de Los Monegros, la sierra de Jubierre.

"Supervivencia, comunidad y locura". Así define uno de sus 3.500 participantes la filosofía del festival Nowhere, un evento único, que desde el pasado martes y hasta el próximo domingo celebra su edición número 16 en uno de los lugares más inhóspitos de Los Monegros, la sierra de Jubierre.

Allí, en mitad de la nada, ha sido creada una gran comunidad, con todo tipo de infraestructuras básicas, espacios comunes y barrios, en los que se agrupan los inscritos por procedencia, perfil o aficiones. Hay personas de 35 nacionalidades diferentes, con predominio de ingleses, franceses, alemanes, españoles y holandeses. La mayoría tienen estudios y trabajos estables. De hecho, son ingenieros, empresarios, profesores o periodistas, que buscan hacer un paréntesis en su día a día y disfrutar de una semana en absoluta libertad. No suelen verse móviles ni otros dispositivos digitales. Hay quién va disfrazado y quién prescinde de la ropa. Nadie juzga. El único requisito es el respeto a los demás. "Que cada uno sienta, hable y sea como quiera", señala otro de los inscritos, que, al igual que la mayoría, prefiere preservar su identidad.

La convivencia es clave dentro del festival. También el cuidado del medio ambiente, la privacidad o la capacidad de supervivencia. Los componentes de cada barrio deben proveerse de sus propios recursos. El dinero no existe. Nada se compra ni se vende, excepto el hielo, indispensable para conservar los alimentos y disfrutar de bebidas frías.

El recinto está salpicado de todo tipo de construcciones. Hay una casa de disfraces, lugares destinados al ocio nocturno o una gran carpa central, donde se desarrollan muchas de las actividades programadas como charlas o talleres de pintura, yoga o meditación. Aquí no existe el concepto de público. Los propios participantes son los promotores de los actos diseñados. Todos están obligados a dar y colaborar, ya sea formando parte de las brigadas de limpieza o compartiendo sus habilidades.

Además, al igual que cada año, el espacio está salpicado de obras de arte, que han sido creadas por los propios inscritos y que son uno de los signos de identidad del Nowhere, considerado el hermano pequeño del Burning Man, que tiene lugar en el desierto de Nevada (Estados Unidos) y que otorga gran importancia a las propuestas artísticas. En esta edición, hay 32 instalaciones o performances. Las propuestas son muy diversas. Desde la organización, destacan dos conjuntos diferentes, ‘La sala de mi abuela’, que da nombre a un conjunto de muebles de segunda mano que han sido colocados de forma extraña simulando el proceso de deterioro de la mente, y ‘Manster Wheel’, que está formado por dos ruedas gigantes metálicas, similares a las existentes en la jaula de un hámster, donde aquel que lo desee puede entrar y caminar.

Durante la última jornada, es habitual que se quemen algunas de las construcciones artísticas realizadas. En 2018, justo cuando se iba a prender la principal, un gran faro, uno de los inscritos salió corriendo hacia el mismo, subió hasta la parte más alta y se arrojó. El hombre sufrió heridas graves. El suceso empañó el final del festival, que suele desarrollarse sin incidentes y además, deja un positivo impacto en la zona, especialmente en Sariñena, donde los inscritos suelen proveerse de bebidas y alimentos. Al terminar, aplicando otro de sus principios, la zona ocupada queda limpia, sin rastro de la efímera y singular comunidad.

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