Huesca

El arca que decidía las elecciones por puro azar en el siglo XVII

El Ayuntamiento de Huesca saca de su archivo histórico una exposición de objetos únicos en Aragón usados durante más de tres siglos para elegir a los regidores de la ciudad.

El arca que decidía las elecciones por puro azar en el siglo XVII
R. D. N.

¿Cómo se elegía a los regidores -cargos similares a los concejales de hoy en día- de Huesca hasta principios del siglo XVIII? El método no tenía nada que ver con el actual en el que cada ciudadano deposita su lista favorita en una urna. Y es que desde 1445 estuvo en vigor la insaculación, en la que los candidatos debían cumplir unos requisitos (hombres mayores de 25 años con hacienda suficiente y avecindados en la ciudad) y su elección final dependía del azar.

Una vez al año coincidiendo con el día de Todos los Santos, se sacaban el arca de insaculación. Era una caja de madera cerrada con cuatro llaves –­en poder de personas diferentes para evitar tratos de favor– que contenía unos cajones con los cargos a elegir: jurado primero (similar al primer teniente de alcalde de ahora), mayordomo (llevaba las cuentas), padre de huérfanos (se ocupaba de los menores desamparados), regidor del hospital...

Los nombres de los candidatos se escribían en unos papeles y se introducían en unas canicas de madera llamadas redolinos, que a su vez se metían dentro de un pequeño saco. Este se guardaba en el cajón correspondiente del arca y una mano inocente, generalmente de un niño, extraía la bola. "Y allí es donde intervenía el azar, aunque intentaban que el proceso fuera lo más transparente y limpio posible", explicó María Jesús Torreblanca, la responsable del Archivo Municipal de Huesca, que sumándose al Día Internacional, sacó ayer de los almacenes un conjunto de objetos, "que muy pocas ciudades españolas conservan y único en Aragón", que se usaban en las elecciones municipales del XVII.

Los oscenses que se sumaron a estas visitas guiadas especiales pudieron ver también libros de actas que reflejaban los resultados de los comicios o dación de pagos por la compra de trigo, pescado o aceites, además de unas ‘ordenaciones’ o reglamentos de la ciudad de 1680.

La exposición se completaba con dos juratorias de plata, obra de Fermín Garro de 1657, donde los ya electos juraban su cargo por Dios. Para ello, ponían las manos encima "y si lo hacían mal, se les excomulgaba porque se consideraba algo muy grave y se quedan fuera de la sociedad".

Etiquetas
Comentarios