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Huesca

​Manos Unidas piensa en Tanzania en su rastrillo

?La cita solidaria pone a la venta donaciones y las labores realizadas por las voluntarias de la entidad.

​Manos Unidas piensa en Tanzania en su rastrillo
​Manos Unidas piensa en Tanzania en su rastrillo
R. C.

“Durante todo el año se preparan unas 1.000 toallas, que prácticamente se agotan en los primeros tres días del rastrillo”, explica una de las voluntarias de Manos Unidas que hasta este sábado regentan el rastrillo que la entidad realiza cada año en Huesca. Las principales ventas de este son los manteles, toallas y paños que preparan todos los martes una decena de mujeres, en un grupo de labores que se reúne en el local de la parroquia de Santiago de la capital oscense, donde está instalado también el rastrillo.

En esta ocasión lo recaudado se destinará a un proyecto en Tanzania, en concreto al pueblo de Utiri, en la zona sur del país. “Nuestro objetivo es construir un colegio, pero allí los centros no responden a la idea que podemos tener aquí, sino que son sitios en los que los niños también pueden quedarse a dormir o donde comen, y se convierten en un pilar muy importante en la vida del pueblo”, comentan desde Manos Unidas Huesca. Para ello, han involucrado a toda la comunidad en la realización de este proyecto, por lo que los beneficiarios directos serán los 90 niños, pero indirectamente también afectará positivamente a los 4.783 habitantes del pueblo.

Este proyecto, que se presupuesta en 15.000 euros, será sufragado íntegramente por los beneficios del rastrillo. “Cada año buscamos un objetivo de entre 15.000 y 16.000 euros que se pueda cubrir con la recaudación, al margen de la labor de Manos Unidas durante todo el año”. Así, en ediciones anteriores se invirtió en un taller de costura en La India o una escuela en Ghana. “Resulta bonito que tenga un fin concreto, para poder ver sus frutos”.

El rastrillo permanece abierto hasta este domingo en horario de 17.00 a 21.00, y en él, además de las labores en ropa de hogar, se pueden adquirir también plantas, procedentes de Atades, ropa de bebé y diferentes piezas de menaje, en su gran mayoría donadas. “La mayoría proceden de herencias, pero también hay restos de tiendas”, comenta la voluntaria encargada de otro de los puestos, dedicado a la venta de productos corporativos de Manos Unidas, como agendas, calendarios o material de oficina. También disponen de servicio de cafetería por un euro.

Además, se venden boletos para el sorteo que se llevará a cabo este sábado en la clausura, y que tiene como premios un mantel, una cena para cuatro personas en el restaurante Lillas Pastia y una televisión.

En total, participan en el rastrillo de manera desinteresada una veintena de mujeres, que se encargan previamente tanto de la recopilación de artículos, como de la elaboración de estos en el caso del grupo de labores, y de atender a los visitantes cuando se lleva a cabo el rastrillo. Tradicionalmente, este tenía lugar en fechas próximas a Navidad, pero en esta ocasión se ha adelantado para evitar coincidir con citas similares en la ciudad, aunque insisten en que el de Manos Unidas es el más antiguo, con 24 años de existencia.

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