Huesca
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Un ganadero de Ansó denuncia el ataque de un oso a su rebaño

La DGA recibió una segunda alerta de un montañero que dijo ver al animal en esta zona en la que la sequedad del terreno dificulta encontrar huellas

El dispositivo GPS que lleva como collar una de las reses de su rebaño le alertó de que algo raro estaba sucediendo en plena noche cuando las ovejas que tenía pastando en el monte salieron en estampida. Samuel Gastón, un ganadero de Ansó, denunció el domingo tras encontrar un animal muerto el posible ataque de un oso a su rebaño, que pastaba en los puertos de Espelunga. La alerta era la segunda que recibía el Gobierno aragonés ya que en estos mismos parajes, un montañero asegura haber visto al plantígrado mientras realizaba una excursión. Si bien los especialistas en seguir los rastros de este animal acudieron ayer, la sequedad del terreno dificulta las tareas para localizar rastros, pero la presencia de numerosos buitres en la zona hacen temer lo peor al ganadero, que ya sufrió otra embestida la pasada primavera.


"Todos los días reviso el GPS por la noche, para comprobar que el rebaño no se mueve del lugar en el que siempre duerme", relata Gastón. Pero la noche del sábado, a las 23.00, la aplicación que lleva en su móvil le alertaba de que el rebaño que tenía pastando en el puerto de Espelunga (Ansó) se había movido. "Habían ido a otros parajes a los que jamás van y se habían juntado con las ovejas de otro pastor. No pegué ojo en toda la noche", dice. Sabía que un excursionista había avisado de que le había parecido ver un oso por esos parajes. A ello añadía la experiencia. "Son muchas veces ya –comentaba– y siempre ocurre  lo mismo". Y es que no es la primera vez que el plantígrado se ceba con su ganadería, casi todos los años sufre algún ataque. El último, la pasada primavera en la que le desaparecieron dos o tres ovejas en una zona próxima, en los puertos de Segarra. "Son tantas que ya las confundo", dice desesperado.


Pero teme que esta vez sea peor. Los puertos en los que ahora se encuentra son mucho más empinados y con profundos cortados. "Se pueden despeñar con mucha facilidad", añade. De momento, el domingo ya encontró una oveja muerta y con las tripas fuera cuando con su hermano bajaban de comprobar dónde y cómo estaba el ganado. "Pero hay muchos buitres. Tiene que haber más, lo que no hemos encontrado es el lugar en el que las ha cogido", explicaba ayer mientras bajaba el rebaño hasta una zona habilitada con vallas. La intención es contabilizarlas hoy para saber con exactitud cuántas reses le faltan.


Por su parte, fuentes de Medio Ambiente confirmaron ayer que la patrulla de vigilantes está trabajando en la zona para comprobar la existencia de huellas u otros indicios tras las dos denuncias recibidas (la del pastor y la del excursionista), si bien, por el momento, no se ha encontrado nada. Está previsto que reanuden hoy las tareas en un terreno bastante seco y duro que dificultad las tareas.