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Una valla ocultará el solar de las harineras

Los derribos, que comenzaron en agosto, han originado 12.000 toneladas de escombros.

Toneladas de escombros se acumulan en el solar que hasta hace un mes ocupaban las harineras.
Una valla ocultará el solar de las harineras
J. BLASCO

El desescombro del céntrico solar donde hasta hace escasamente un mes se levantaban los silos de las harineras de Huesca está a punto de culminarse. Los camiones retiran poco a poco las 12.000 toneladas de ladrillo y hormigón resultantes de las obras de derribo, que empezaron a mediados de agosto y que finalizarán en unas semanas. Cuando la zona quede limpia se protegerá con una valla que tendrá un perímetro de 300 metros y una altura de dos.

El espacio quedará oculto a la vista de los oscenses hasta que el Ayuntamiento y la propiedad lleguen a un posible acuerdo sobre su uso a la espera de que comience la urbanización del terreno. En este suelo, entre la avenida de Martínez de Velasco y la ronda de la Estación, está previsto edificar 1.300 viviendas, pero la crisis ha dejado los planes de los promotores en el aire.

El derribo se llevó a cabo para cumplir con los plazos fijados en el convenio que firmó el Ayuntamiento con los propietarios de las dos fábricas y de las parcelas del polígono. Hacía casi 70 años que las harineras se habían instalado en lo que entonces eran las afueras de la ciudad. El desarrollo urbanístico alcanzó a las factorías y dejó el polígono como una isla en el centro urbano.

Hoy, cinco meses después de iniciar los derribos, solo quedan en pie algunas construcciones abandonadas y unos huertos que continuarán cultivándose hasta que empiece la urbanización, en 2014. Hasta entonces también podrán seguir allí las cinco pequeñas empresas que mantienen abiertos sus negocios.

La demolición de las fábricas, a cargo de las empresas Usabiaga y López Soriano, se ha desarrollado sin ocasionar apenas inconvenientes en el tráfico y la vecindad. Las mayores dificultades, según recordó Gorka Irastoza, de Usabiaga, han estado en la altura de algunos de los cinco silos que se han echado a tierra y que alcanzaban casi los 30 metros y en lo céntrico del emplazamiento.

Los derribos todavía no han terminado. El martes se demolió un muro en la calle de San Úrbez y está pendiente de derruir la caseta que protege un transformador eléctrico que aún está en servicio. Mientras, las máquinas nivelan el terreno y colmatan los sótanos de las harineras.

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