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ZONA URBANA

El abandono y el vandalismo se ceban con 11 de las 14 estaciones del Canfranc

Crefco aboga por dar un uso turístico a los edificios e instalaciones para frenar su ruina. Solo Huesca, Sabiñánigo y Jaca se salvan de esta situación de dejadez por parte de Adif.

Estaciones de la línea Huesca-Canfranc
El abandono y el vandalismo se ceban con 11 de las 14 estaciones del Canfranc
RAFAEL GOBANTES

El incendio que el pasado fin de semana puso en peligro la estación internacional de Canfranc es solo una prueba más de la dejadez que sufre el patrimonio arquitectónico de la línea, inaugurada en 1928. A lo largo de los 134 kilómetros que discurren entre la capital oscense y la localidad canfranquesa, tan solo las estaciones de Jaca, Sabiñánigo y Huesca se salvan del abandono. En los otros 11 apeaderos, la falta de mantenimiento de Adif y la acción de los vándalos han deteriorado gravemente el patrimonio.

HERALDO ha recorrido este tramo de la línea junto con Luis Granell, representante de la Coordinadora por la Reapertura del Canfranc (Crefco). Un viaje que deja patente el mal estado de la mayoría de edificaciones y equipamientos, construidos entre finales del XIX y principios del XX.

Uno de los ejemplos más claros del abandono es el apeadero de Castiello. Puertas y ventanas rotas, agujeros en la cubierta, pintadas en los muros, montones de basura esparcidos por todo el recinto e incluso restos de una hoguera en el antiguo muelle de carga. Y eso que en la vieja sala de espera hay un folio colgado de la pared y escrito a mano que advierte de que está prohibido hacer fuego.

No obstante, el viaje ofrece otras muchas imágenes de la desatención que padece una línea que a diario atraviesan solo 6 trenes de pasajeros (3 de ida y 3 de vuelta) y 2 de mercancías (Silos de Canfranc transporta cada día 800 toneladas de cereal).

En algunas paradas, Adif ha optado por tapiar puertas y ventanas para evitar su deterioro por el vandalismo, como en Plasencia del Monte o en Santa María y La Peña. Aún así, la curiosa crestería de cerámica que corona los tejados no se ha librado de los gamberros y las cajas de hierro fundido de los antiguos relojes han sido robadas. Para frenar el avance de la ruina, Adif al menos ha arreglado la cubierta de Anzánigo. "Han evitado al menos que se siga hundiendo", comenta Granell.

En Ayerbe, donde sí hay personal de servicio, la reforma que comenzó a acometerse en su día se quedó a medias ya que aunque se acondicionaron los andenes y los depósitos de agua que antiguamente daban servicio a las locomotoras de vapor, la reforma del edificio principal está pendiente, a la marquesina aún le falta la cubierta, la vieja cantina está llena de pintadas y la maleza y el óxido se están apoderando de una de las pocas placas giratorias de locomotoras que conserva la línea.

Luis Granell teme que todo este rico patrimonio siga los mismos pasos que los dos vagones históricos quemados el sábado en Canfranc. "Si nadie lo conserva, primero llega el abandono del material, luego la gente entra en los edificios para destrozarlos, después los coleccionistas se llevan las placas y recuerdos que quedan y al final viene alguien con una cerilla y lo prende todo", advierte.

Para este representante de Crefco, Adif debería actuar "urgentemente" para evitar que se siga deteriorando el patrimonio de la línea "y se puede hacer con un coste relativamente bajo", asegura. En este sentido pide seguir el ejemplo de los vecinos franceses, "porque por allí tampoco pasa el tren hace 40 años pero los edificios están en perfecto estado".

Potencial turístico de la línea

Una de las soluciones que proponen desde Crefco para volver a revitalizar estas estaciones y apeaderos sería darles un uso turístico. Así, proponen, por ejemplo, alquilar o ceder los edificios a empresas de deportes de aventura de la zona "porque todo el trazado ofrece multitud de posibilidades para el senderismo, la BTT o las aguas bravas", señala. Con ello, opina, "se lograría atraer viajeros, que es la única forma de que no se acabe cerrando la línea, y además ayudaría a potenciar la actividad económica del los territorios que atraviesa el tren", afirma. Además, insiste en que más allá de los edificios, "toda la línea es un patrimonio histórico, cultural y natural que podría explotarse turísticamente". "Y no es un sueño, solo hace falta voluntad política", subraya Luis Granell.

 

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