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NATURALEZA

Las especies invasoras ponen en peligro la conservación de la biodiversidad

No solo hay animales que ponen en peligro la salud del ecosistema, sino que también existen algunas plantas exóticas cuya erradicación y control es laboriosa y muy costosa. Por ello, los expertos recomiendan las nativas.

El cangrejo rojo es una especie invasora y voraz que ha traído la enfermedad de la afanomicosis.
Las especies invasoras ponen en peligro la conservación de la biodiversidad
E. VIñUALES

Hoy se sabe que uno de los problemas más graves y evidentes para la conservación de la biodiversidad es la aparición de las llamadas 'especies invasoras', o lo que es lo mismo, animales y plantas -u otros organismos vivos- que son introducidos por el ser humano en diversos lugares fuera de su hábitat natural. Es decir, especies que una vez que se han depositado fuera de su área de distribución natural, consiguen establecerse y dispersarse en la nueva región que les acoge, resultando finalmente dañinas para los ecosistemas a causa de los cambios que estas originan en la estructura y la dinámica de los procesos naturales autóctonos o nativos. Amén de los daños económicos que también pueden generar en ciertas actividades humanas.

Esos serían los casos en Aragón, por ejemplo, del galápago de orejas rojas o de Florida, de la cotorra Argentina, del mejillón cebra, del siluro o del visón americano procedente de escapes de las granjas peleteras. Muchos de estos animales invasores son mascotas, animales 'amigos' que una vez liberados en el medio natural se transforman en una amenaza para la naturaleza local. El comercio de animales de compañía contribuye a la llegada de un número mayor de fauna exótica, como el carpín dorado, la rana toro, el coatí, la mangosta o el antes citado galápago de Florida, el cual se compra en las tiendas como una pequeña tortuga de agua, pero que debido a su longevidad alcanza un gran tamaño.

Es entonces cuando muchas personas, desconocedoras del daño que van a hacer, liberan estos galápagos exóticos en ríos y humedales, donde los nuevos inquilinos compiten y desplazan a las dos especies autóctonas de galápagos -el leproso y el europeo-, pudiendo transmitir además ciertas enfermedades preocupantes para la salud humana como la salmonelosis. Por eso los expertos consideran que es muy importante conocer estas especies invasoras y el problema que generan en el caso de llegar libres a la naturaleza.

En muchas ocasiones, la introducción ilegal ha venido por parte de practicantes de la actividad piscícola, de la pesca. Nuestros ríos y ecosistemas acuáticos acogen nuevas especies de peces que, debido a su adaptación y voracidad, se han hecho dueños de embalses, lagos y cursos de agua, donde las especies ictícolas nativas acaban desapareciendo. Es el caso, por ejemplo, del siluro traído a las aguas del pantano de Mequinenza en el año 1974, procedente de los grandes ríos de Europa central. Con una longitud de hasta 3 metros y un peso de 150 kilos, está considerado como el pez de agua dulce de mayor talla de Europa, presentando una alimentación oportunista acorde a sus grandes dimensiones y con una dieta basada en otros peces y cangrejos, aunque también se alimenta de roedores, ranas, aves acuáticas, e incluso palomas como se ha visto y documentado en el río Ebro a su paso por Zaragoza.

Un caso muy conocido es el de la introducción del cangrejo americano y la consiguiente desaparición del cangrejo de río autóctono, antaño abundante en muchos cursos fluviales de España. El primero de ellos, el cangrejo también llamado rojo, es portador de Aphanomyces astaci, el agente etiológico de la afanomicosis, una enfermedad infecciosa que ha conllevado en treinta años la desaparición de la mayor parte de las poblaciones autóctonas de nuestro cangrejo, ahora catalogado como 'En peligro de extinción' en Aragón.

Pero no todas las especies invasoras son animales, sino que también hay plantas exóticas cuyo color y belleza se puede transformar en una amenaza, tal y como sucede con la hierba o carrizo de la Pampa, el lilo de verano, el lirio de agua, el ailanto, la falsa acacia, la chumbera o la pita, plantas todas ellas que desplazan a otros árboles y especies vegetales de toda la vida, y que están colonizando terrenos, hábitats y sotos fluviales o que una vez que se han escapado de los jardines se han naturalizado con gran éxito.

Por eso los expertos aconsejan elegir siempre especies nativas, eliminar aquellas plantas invasoras que se puedan tener en nuestra propiedad y no arrojar nunca plantas exóticas o acuáticas, sus fragmentos o semillas a lugares donde puedan llegar a arraigar, procurando quemar o secar antes estos restos.

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