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Huesca
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TOROS

Fandiño pone el toreo en su sitio

El toro de El Jaral de la Mira se llevó el trofeo al mejor toro. Manuel Bernal el del mejor picador. Iván Fandiño, que cortó una oreja al sexto, realizó la mejor faena de la feria.

Iván Fandiño protagonizó las mejores estocadas de la jornada de ayer.
Fandiño pone el toreo en su sitio
FERNANDO PAúLES

Huesca, cuarta de abono. Menos de media entrada en tarde calurosa con algo de viento.

Un toro de Juan Pedro, otro de Fernando Peña, uno de Camacho, otro de El Jaral de la Mira, uno de Yerbabuena y otro de Algarra, desiguales.

Salvador Vega, de blanco y oro, silencio tras aviso y silencio. Morenito de Aranda, de grana y oro, silencio y silencio. Iván Fandiño, de lila y oro, silencio y oreja tras aviso. Presidió Luis López, correcto.Está visto que la corrida concurso no acaba de cuajar. No. Y no será porque aquí no haya aficionados, que los hay. Y muy buenos. Será que las rebajas de julio se cumplen en agosto. Y en San Lorenzo. Planificar una corrida como la de ayer, casi parece de guasa. De broma. De cumplir el expediente aunque no sea equis. Hay que replantearlo. Por el bien de la feria y el bolsillo del empresario.

Ayer no hubo gente ni para reñir. Algún feriante -con menos esfuerzo- salvaría mejor los muebles que la empresa. Seis toros, por muy de favor que se embarquen, cuestan una 'pasta'. Y los toreros, otra. Aunque sean de la familia, todos comen a diario y se ganan el jornal.

Echo de menos el toque de timbal y clarín clásico de aquí, de Huesca. Una trompeta y un tambor con el soniquete de España Cañí, no es ni representativo ni coherente. Espero que no se pierda esa vieja tradición como ya se han perdido, en pocos años, otras tan añejas como el propio patrón.

Es de llamar la atención también que los monosabios sean a la vez mulilleros y para colmo, ayer, citaron a los toros desde el burladero (uno fuera de él) para que acudiesen al caballo. Feo gesto. Fea imagen para este espectáculo. Además, televisado por nuestra autonómica.

El toro de Juan Pedro fue una perdigonada. En el culo. Manso como su color: melocotón. Buen buey para labrar. Con él, Salvador Vega solo pudo dejar constancia de que, ni poniéndole la femoral en el pitón, embestía. Con el del Jaral de la Mira, el premiado como mejor toro, tardó en cogerle el sitio con el capote. Toro muy abanto, corretón. Acudió con presteza tres veces al caballo. El primer puyazo fue con la vara reglamentaria y los otros dos con la puya de tientas. El toro fue alegre a los encuentros. Metió la cabeza abajo y empujó con celo. Tras ello se quedó reservón y probón. A la defensiva. Vega lo intentó, apostó a doble o nada y se quedó en la nada.

Morenito de Aranda pechó con uno de Fernando Peña que, tras el caballo, embistió a paso de burra preñada. Se equivocó con los terrenos. Pedía las rayas y lo sacó muy a las afueras. El quinto, de Yerbabuena, fue un buen toro, con repetición, prontitud, nobleza, clase y que fue bueno hasta para morir. Con este de Yerbabuena, tampoco se entendió. Muy al hilo y despegado, ahogó en demasía hasta acabar rajando al buen y pastueño toro. En los medios hubiese sido otra cosa. Su picador Manuel José Bernal, que picó al segundo de la tarde, primero de su lote, se llevó el trofeo al mejor puyazo.

Llegó Fandiño, el único superviviente del cartel original y, con él, el toreo. El de siempre. El de verdad. El de citar con la 'pata p'alante', ponerla muy plana, echar lejos la muleta, embarcar y rematar atrás, en la cadera. Su primero -de Mari Carmen Camacho- se convirtió en un marmolillo y de nada sirvió darle sitio y tragarle. Al sexto, de Algarra, le compuso una faena justa, medida, con las pausas bien administradas. Ligazón, temple y reposo fueron sus armas. Todo por debajo de la pala del pitón. Cuasi perfecto. Lo mejor de la tarde. Y de la feria.

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