Huesca
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SAN LORENZO

Miles de flores para el santo

Fue una de las ofrendas más multitudinarias que se recuerdan y en la que el suave viento que soplaba hizo más llevadera la participación de los oscenses. Los grupos folclóricos animaron el desfile y fueron los danzantes de Huesca quienes cerraron la ofrenda.

Los danzantes de Huesca cerraron la ofrenda. Volvieron a recibir el aplauso y el calor del público.
Miles de flores para el santo
R. GOBANTES

El olor a albahaca impregnó toda la ciudad. Porque fue este hierba aromática la preferida por los oscenses en la multitudinaria ofrenda al santo. Pero también hubo rosquillas caseras hechas en Apiés, trenzas de la pastelería Loarre, cebollas de hasta 2,8 kilos de peso, claveles y liliums entre otros muchos. Poco a poco las flores fueron tejiendo la parrilla del patrón.

El día invitaba a participar. El suave viento que soplaba en la ciudad no fue un 'hándicap' sino todo lo contario. Vestirse con trajes tradicionales, la mayoría con metros y metros de tela y muchos más adaptados al frío invierno de la montaña que a los rigores del verano oscense, era más apetitoso que en años anteriores en los que reinaba el sofocante calor. Tal vez por ello, la de ayer, fue una de las más multitudinarias ofrendas que se recuerdan.

Trajes de Ansó, de Jasa, de Hecho, de Bielsa o de Graus fueron de los que más se dejaron ver, sobre todo los primeros. Asimismo, los había, y muchos, de Fraga, de dama o incluso de sevillana, como Telma, una niña de tres años que estaba encantada con el modelo que lucía. Aunque también las había que mostraban modelos con menos 'glamour' o menos adaptadas al rigor del vestido: lazos de faena con traje de fiesta, amplios escotes, refajos mal cogidos o churros (peinado de ansotanas) mal colocados.

Si bien eran los menos y en el desfile, también muy multitudinario en cuanto al público, se pudieron ver grandes joyas. Trajes antiguos o mantones que suman años y años, como el que lucía María Losfablos. "Es una herencia familiar", comentaba esta joven que desfilaba con el traje de Fraga junto a su hermano Andrés. Entre los presentes que llevaban al santo, trenzas de la pastelería Loarre de Huesca. También se pudieron ver en las cestas que los participantes llevaban tomates rosas de Huesca, pimientos o super cebollas. "La del centro pesa 2,8 kilos", relataba Alejandro Ciprés, de la Peña Os Casaus. "Siempre las traemos. Son de 'Fuentes de Ebro', planta que compro en la huerta de Barbereta y que cultivo en la huerta de Chimillas. Da un resultado espectacular", explicaba con soltura cuando encaraba la recta final del desfile. Y es que a esas alturas ya estaba más que acostumbrado a que el público le preguntara por ellas.

Entre los que desfilaron, llamó la atención la casa de Ecuador en Huesca, con trajes y ponchos tradicionales. Y, por su puesto, la de los más pequeños. Andrea Barreña, de una de las familias incondicionales en este desfile, fue una de las más jóvenes. Con solo cinco meses fue a posarse a los pies del santo. Si bien no era la única ya que fueron muchos los padres que tiraron de carrito y presentaron a sus hijos a San Lorenzo.

Los grupos folclóricos, con sus jotas, animaron la ofrenda. Como los danzantes de Apiés, que vienen cada dos años y es una de las pocas ocasiones en las que puede disfrutarse de sus dances. Y fueron precisamente otros danzantes, los de Huesca, los que acompañados de la banda de la ciudad y las palmas del público, cerraron el desfile con el dance de espadas.

Oración al santo

Jesús Manuel Mate, secretario de la Cofradía del Santo Cristo de los Milagros, fue el encargado de leer la oración al santo ya que Lorenzo Latre, el prior, tuvo que ausentarse por problemas familiares. La albahaca, los danzantes, el fervor al santo fueron rememorados en el discurso. Pero también pidió al santo fuerzas para superar la crisis que acecha a la sociedad de muchas formas -trabajo, familia o valores- y la situación de desempleo en la que se encuentran algunos altoaragoneses.

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