Despliega el menú
Huesca

PAISAJES

Campos teñidos de color rojo amapola anuncian el verano

Notorias y ornamentales, han sido tildadas de 'malas hierbas' pese a que guardan insospechadas virtudes medicinales y comestibles.

Campo de amapolas en flor masiva en un campo de cereal de Plasencia del Monte.
Campos teñidos de color rojo amapola anuncian el verano
EDUARDO VIñUALES

¿Un campo de cultivo todo teñido de rojo a finales del mes de mayo? No hay duda, se trata de un mar primaveral de amapolas, una de las estampas más genuinas, que podemos encontrar en los llanos aragoneses que este año hayan permanecido en barbecho.

Muchas personas del mundo rural consideran a la amapola común (Papaver rhoeas) una 'mala hierba', pero quizás haya más cosas que saber y que contar de esta planta anual y espontánea tan ornamental, que con la llegada del buen tiempo aparece por doquier en bordes de caminos, cunetas, campos de cereal, barbechos, eriales y claros degradados de zonas de matorral. Algunos autores afirman que la amapola es una planta venida de Oriente, que en tiempos remotos llegó a nuestra zona mezclada con el grano y que una vez aquí se acomodó como en casa propia. También diremos que se trata de una flor de cuatro pétalos grandes, rojo escarlata -a menudo con una mancha negruzca en la base-, con estambres muy numerosos y con frutos sin pelos en forma de urna. Y añadiremos que es una planta arvense típica de mediados del mes de mayo, pero que según el clima puede encontrarse en floración desde el comienzo de la primavera hasta finales del mes de junio.

En Aragón, la amapola común está presente en casi todo el territorio, eso sí, no superando casi nunca la cota altitudinal de los 1.500 metros, y faltando por ello en el Alto Pirineo. Crece cerca de pueblos, bordes de pistas, caminos y carreteras, siendo muchos los niños que han jugado con estas notorias flores a 'monjas' o 'frailes', tratando de adivinar el color interior de los pétalos en el capullo cerrado, dependiendo del tono que éstos tuvieran antes de salir a la luz: blancos o bien rojos -cuando están a punto de reventar-, respectivamente.

Usada con fines curativos, la amapola o ababol se emplea para combatir los accesos de tos de niños y ancianos. Sus pétalos, recogidos en las primeras horas de la mañana, una vez secos se usan en tisanas o jarabes. La amapola también posee un alcaloide llamado 'readina', que tiempo atrás se usó como ligero narcótico para facilitar el sueño a los niños.

Pero es en el clásico libro de Pío Font Quer sobre plantas medicinales, 'El Dioscórides renovado', donde se cuenta que el consumo humano de la amapola se remonta a los tiempos de Teofrasto -escritor y naturalista amigo de Aristóteles-, hace más de 2.300 años? y que en muchas comarcas catalanas y en las aragonesas lindantes, antes de florecer, cuando está tierna, la amapola se come en ensalada con otras hierbas silvestres. A pesar de su vellosidad, resulta de sabor agradable. Sus pétalos también se emplean en la cocina para decorar platos.

Pero quizás lo más conocido de esta planta sean sus pequeñas semillas, oleaginosas -ricas en un aceite no tóxico-, y utilizadas como condimento espolvoreado en postres, panecillos y distintos platos cocinados, tal y como se hace con las semillas de sésamo. De ligero sabor a pipa de girasol o a avellana, contienen también proteínas y lecitina.

Y para recoger cualquier parte de esta planta, tanto para usos culinarios como digestivos, es preciso estar seguro de no confundirla. En los campos ibéricos hay hasta 15 especies diferentes, de tonalidades rojas, anaranjadas, amarillas, blancas o violáceas. La amapola común se puede confundir con otras tres del mismo género de flores rojas como la amapola oblonga (Papaver dubium), la amapola mestiza (P. hybridum) o la amapola macho (P. argemone). Aunque más sorprendente sería toparse con otra gran amapola de color blanca, violácea o rosada, la adormidera o amapola real (Papaver somniferum), originaria de Asia y del sureste de Europa, y muy rara en Aragón ya que sólo está citada en zonas del Bajo Cinca, Cinca Medio o la Sierra de Albarracín.

Etiquetas