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Huesca
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GANADERÍA

Las ovejas reconquistan su camino

Cerca de 2.000 ovejas reconquistaron ayer Huesca, un desfile al que muchos no pudieron resistirse y no dudaron en asomarse a la ventanas para ver, al igual que antaño, como un rebaño invadía las calles en su camino hacia los frescos puertos del Pirineo.

El sonido de los cencerros alertaba de su llegada. Cerca de 2.000 ovejas reconquistaron ayer Huesca, un desfile al que muchos no pudieron resistirse y no dudaron en asomarse a la ventanas para ver, al igual que antaño, como un rebaño invadía las calles en su camino hacia los frescos puertos del Pirineo. Eran los hermanos Garcés que, con sus churras tensinas, realizaban un año más la trashumancia de Torrecilla de Valmadrid (Teruel) a Fanlo.

Escoltados por la Policía Local, el rebaño tomó la cabañera que atraviesa Huesca a las 7.00. Entraron por Martínez de Velasco hasta el cruce con Cavia, y de ahí hasta la avenida de Danzantes para salir por el paseo de Lucas Mallada hacia Apiés. Otros vehículo de los agentes iba detrás de las ovejas, custodiadas por sus dueños y algún que otro ayudante. Cerraba la comitiva, una barrendera que volvía a dejar las calles relucientes.

"El asfalto no es lo mejor para el ganado", reconoce Ramón Garcés. "Cuando yo empecé, hace 47 años, íbamos a Caspe con mi padre y el rebaño no pisaba cemento. Y en cada pueblo teníamos un lugar donde dormir y cenar", explica este hombre que a sus 62 años cuida del rebaño junto a su hermano Aurelio, que alcanza los 67. Pero atrás han quedado esos tiempos en los que comenzaron de pastores. Ahora viajan con un saco de dormir a cuestas y paran donde manda el rebaño, tiran de "buenos amigos" para realizar el viaje de 225 kilómetros, y en su camino encuentran más obstáculo, como el tráfico.

La bucólica imagen, que tanto llama la atención de los niños y de los que no lo son tanto, va camino de desaparecer porque no hay relevo generacional en este oficio. "Somos solteros y nuestros sobrinos ya tienen trabajo. Además, esto no es lo mejor para ellos", añade. Por eso hay quien no se lo quiere perder antes de que desaparezca. Es el caso de un ayudante nuevo que se han echado este año. "Su mujer nos llamó para comentar que le gustaba mucho andar y que quería realizar esta aventura. Y viene con nosotros". Todavía tienen una semana por delante, siete días en los que andarán de sol a sol, para llegar a su ansiada casa. "Claro que nos hace ilusión", dice Ramón cuando se le pregunta. "Además en Fanlo tenemos menos trabajo y el ganado está mucho mejor", comenta, haciendo ahínco en esto último porque como buen pastor sus ovejas son casi casi lo primero.

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