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Huesca

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El estudio del salón del Tanto Monta saca a la luz su grave deterioro

Restauradores contratados por el Ministerio de Cultura trabajarán durante ocho meses en un estudio sobre el salón noble del palacio episcopal de Huesca, que lleva 50 años cerrado

El salón del Tanto Monta, cerrado desde hace más de medio siglo, ha abierto por fin sus puertas, de momento no al público sino a los restauradores. Durante ocho meses, un equipo formado por seis especialistas de la empresa Ártico trabajarán en un sistemático estudio del alfarje (techumbre plana de madera) que marcará los criterios y las pautas para acometer la posterior restauración. La empresa ha sido contratada por el Instituto del Patrimonio Histórico Español (IPHE), perteneciente al Ministerio de Cultura, y cuenta con un presupuesto de 112.000 euros para realizar el estudio.

La estancia del palacio episcopal, que forma parte del conjunto arquitectónico de la catedral de Huesca, aparece desde hace unos días cubierta de andamios. Una gran estructura metálica permite a los técnicos trabajar a cinco metros de altura para alcanzar el alfarje. Este acercamiento ha hecho posible descubrir el verdadero estado de la techumbre de madera, en la que no se interviene desde hace casi un siglo y donde son visibles las huellas de las humedades, el paso del tiempo y algunas intervenciones poco afortunadas.

El artesonado policromado fue construido en 1478 por encargo del obispo Antonio Espés, cuyo escudo aparece en los canes esculpidos en las jácenas. Durante cinco siglos se empleó como dependencia principal de los obispos oscenses, aunque en los últimos 50 años ha permanecido cerrada al público y solo ha sido usado de almacén.

La larga clausura ha impedido que dos generaciones de oscenses pudieran contemplarlo. Una vez restaurado, el Obispado de Huesca lo quiere destinar a espacio cultural, para conciertos o actos protocolarios, aunque el uso concreto que se haga de él quedará regulado en un convenio entre el cabildo y las instituciones que han invertido dinero en su adecuación.

La operación en el salón del Tanto Monta se financia entre el Gobierno de Aragón y el Ministerio de Cultura, correspondiendo al Instituto de Patrimonio Histórico Español el coste del estudio del alfarje y su posterior intervención, mientras que la Comunidad Autónoma se encargará de la reforma de la sala donde los obispos oscenses celebraban las audiencias.

Una intervención frustrada

La restauración del salón noble del palacio episcopal lleva muchos años esperándose. En 2002 se solicitó para formar parte de los actos conmemorativos del V Centenario de la muerte de Isabel la Católica. Y es que las inscripciones en las vigas con el lema "Tanto monta" (de ahí su nombre) se hicieron en homenaje a los Reyes Católicos, coetáneos del obispo Espés.

Sin embargo, los informes del Instituto de Patrimonio Histórico Español, después de ver sobre el terreno las difíciles condiciones del artesonado, determinaron la necesidad de acometer antes un exhaustivo estudio. "El estado de degradación observado hacía imposible intervenir sin un estudio previo que permitiera conocer, cuando menos, el esfuerzo y la inversión necesarios para afrontar su recuperación", explica Ana Carrassón, restauradora del Instituto del Patrimonio Histórico y directora técnica del proyecto. "Es preciso, en primer lugar, -añade- identificar y discriminar claramente a qué momento corresponde cada uno de los cambios, reparaciones y añadidos que se observan. Conocer el estado real de la techumbre, de su estructura, de su policromía, de todos los añadidos y de los factores que han contribuido a su degradación".

El salón del Tanto Monta ha sufrido diversas reformas a lo largo de los últimos siglos. En el extremo sur de la sala hay una zona sin techumbre donde en algún momento se construyó una pequeña estancia, posiblemente utilizada como despacho del obispo. Está documentado que en los años veinte del pasado siglo, el obispo Colom encargó una restauración, aunque también habría otra actuación a finales del siglo XIX del prelado Onaindía. "Posteriormente la sala quedaría en desuso".

Hubo otra intervención en los años setenta en la que se procedió a sustituir la antigua cubierta por una nueva estructura metálica, de la que actualmente cuelga el alfarje. Aunque no fue directamente sobre el artesonado, permitió librarlo de la entrada de agua, su principal enemigo en estos cinco siglos.

Policromía oculta

Ana Carrassón reconoce que el deterioro actual se debe sobre todo a las filtraciones de agua, aunque también han influido problemas estructurales y algunas de las intervenciones. "Hay piezas perdidas, rotas, desplazadas, deformadas, los ataques de xilófagos, la pudrición de la madera...". En cuanto a la decoración pictórica, las restauradoras han descubierto "pérdidas, levantamientos, repintes..., y una parte de policromía oculta que no sabemos todavía si podrá ser recuperada". Aún así, asegura la directora del proyecto, la mayoría de los elementos que se observan son los originales y, a pesar de su estado, la degradación está estabilizada.

El trabajo de campo previo a la restauración durará cinco meses. Implica un barrido de todo el artesonado: mediciones, toma de cotas, catas, ensayos, registro de los elementos y de la policromía. Si es necesario, serán completados con análisis en laboratorios especializados. "Se trata de contar con la mayor información posible para conocer las características y los procesos de alteración, para realizar el diagnóstico y estructurar las pautas para la restauración posterior", explica Carrassón. Los resultados, añade, darán la respuesta para decidir cuánto y cómo hay que intervenir, si se quitan o no los añadidos y si se reponen elementos.

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